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Xaverianos

LOS JÓVENES, peregrinos por la fe, en Japón

Autor: P. Felipe López /

El P. Felipe de Jesús López es misionero xaveriano que trabaja actualmente en Japón, tierra del sol naciente. Son varios años que salió por primera vez a esa tierra y ahora ha venido de vacaciones por un tiempo a su tierra natal: Jesús María, Jalisco. Él comparte con nosotros una experiencia que ha tenido con un grupo de jóvenes en aquella tierra lejana, como signo de que la fe en Cristo sigue presente después de los varios siglos, desde el paso de San Francisco Xavier por ese país.

El año pasado, por un fin de semana, algunos jóvenes de la diócesis de Oita, al sur de Japón, hemos realizado una peregrinación a la isla llamada Kamigoto que se encuentra al poniente de Japón. Dicha isla es la que en proporción tiene más fieles católicos, y de la cual provienen muchos de los fieles que se encuentran dispersos por todo el país de Japón son precisamente de esa isla. Esta isla Kamigoto pertenece a la diócesis de Nagasaki, punto y fuente principal del inicio de la evangelización Cristiana.

El motivo por el cual los jóvenes fuimos de peregrinos a esta Isla, ha sido en vistas de prepararnos lo mejor posible a celebrar el año de la fe. Los jóvenes de nuestra diócesis están conscientes de que esta isla ha sido parte de los orígenes y, al mismo tiempo, la fuente de la evangelización Cristiana Católica. A pocos kilómetros de esta isla pasó San Francisco Xavier en el S.XVI. Los jóvenes, motivados por ver y conocer las Iglesias que aún se encuentran -la gran mayoría, en  buen estado, y conservan el ambiente de tradición de los católicos de antaño.

Nos han recibido con gran entusiasmo, tanto los sacerdotes del lugar como las familias que de antemano habían entrado en contacto con los coordinadores de los jóvenes. Como dato curioso ha sido que éramos 16 Jóvenes, contando a los sacerdotes, tanto a mí como al P. Che (coreano) y a la mexicana Enriqueta, misionera xaveriana. Éramos 7 Coreanos, 7 Japoneses y 2 Mexicanos, o sea un grupo muy internacional, que unidos en la fe, fuimos a este lugar para rezar y convivir con la gente del lugar.

Vale la pena decir paso que es un hermoso lugar, con paisajes combinados por el color azul del mar en contraste con el verde de las islas y en medio de la foresta se alzan las pequeñas Iglesias que aún conservan el aroma de la fe de esta Iglesia Católica. Hemos recorrido varias Iglesias, todas ellas tienen alguna cosa en particular sea por la construcción o por el significado que tienen para la gente. En cada una de las Iglesias hemos tenido un momento de silencio, oración, y explicación por parte de los guías, cabe destacar que estos guías son laicos que se han jubilado del trabajo y ahora ejercen su ministerio de guías al servicio de la iglesia y de los peregrinos que desean visitar la isla.

El sábado y domingo hemos celebrado la misa en dos Iglesias diferentes y en las dos se ha sentido la alegría de los fieles al ver a los jóvenes peregrinos. Hago hincapié en que la gente ha estado contenta en ver a los jóvenes, porque la realidad de nuestras Iglesias es que los jóvenes vienen poco, porque están siempre ocupados… sea por el trabajo, la escuela o los diferentes clubs a los que pertenecen y el día domingo es cuando tienen sus actividades. En las dos eucaristías nuestros jóvenes han podido ver y sentir el ambiente de oración y de respeto por la Eucaristía en esta isla, cosa que a veces en las ciudades no se ve del todo. Los jóvenes han rezado por la gente del lugar, pero aún más, en sus intervenciones, los ancianos siempre se han expresado con agradecimiento por la visita de estos jóvenes y rezaron por la perseverancia en la fe de nuestros jóvenes. Así los fieles se comprometieron a seguir pidiendo por los jóvenes, y a su vez, los jóvenes mostraron su agradeciendo por la fidelidad en la fe Cristiana Católica que viven estos fieles. Fue un momento muy grato de compartir la oración mutuamente.

Por la noche del sábado y domingo los fieles del lugar han preparado un convivio con la gente del pueblo, todos con mucha alegría han compartido un momento de alegría y claro, nosotros los mexicanos, hemos cantado nuestro Cielito Lindo un poco desentonados, como siempre, pero con mucho corazón y entusiasmo.

Así el lunes nos hemos despedido de las familias que nos han acompañado al Puerto, puesto que para llegar a esta isla son necesarias 3 horas en barco, más o menos. Y luego de ahí hemos tomado nuestros automóviles para regresar a las diferentes parroquias de proveniencia.

Como fruto de esta peregrinación ha surgido el propósito entre ellos de seguir preparándose para celebrar el ano de la fe y el grupo está consciente de que aún deben y pueden crecer en la fe, sea en la vivencia diaria de su fe como en la urgencia de anunciar el Evangelio a quienes no lo conocen, que son muchos, la mayoría, y que viven y conviven con nosotros.

Juntos queremos testimoniar que los jóvenes aún mantienen la esperanza de la Iglesia en Japón y confiamos en que Dios nos dará fuerza para seguir fieles en al anuncio de su palabra en medio de la sociedad japonesa.