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P. Juan Juárez s.x.

Corazón de padre

Si hiciéramos una encuesta sobre las personas que han tenido un papel importante a lo largo de la historia, quizás se mencionara el nombre de quien ha sido un gran conquistador, un gran artista o un inventor, pero existen otros hombres y mujeres que aun cuando no se les reconozca la gran responsabilidad que han tenido, no por eso dejan de ser menos importantes. Uno de esos hombres es José de Nazaret.

Si queremos saber muchos datos sobre quién fue, vamos a sufrir una decepción, ya que los Evangelios mencionan muy pocos datos, y los Evangelios apócrifos, que hablan de él, fueron escritos muchos años después y por tanto se debería ser prudente.

De acuerdo a lo mencionado por san Mateo (1,16), José era hijo de Jacob; según san Lucas (3,23), su padre fue Helí. Otros datos proporcionados por los Evangelios, nos dicen que pertenecía a la familia de David, estaba desposado con la Virgen María al momento de la anunciación; era un hombre justo, recibe la misión de ser el padre legal de Jesús, de profesión carpintero y no más.

Y a pesar de ser llamado por algunos el Santo del Silencio, porque los evangelistas no nos transmitieron ninguna palabra suya, sin embargo, Dios le encomendó una gran responsabilidad: el cuidado de la sagrada familia y de la educación de Jesús. Es por esta razón que a lo largo de los siglos muchas personas le hayan tenido un cariño y devoción especial, por tanto, no es de extrañar que el papa Pío IX, atendiendo a las innumerables peticiones recibidas de los fieles católicos del mundo entero, y, sobre todo, al ruego de los obispos reunidos en el Concilio Vaticano I, declarara a san José, Patrono Universal de la Iglesia, el 8 de diciembre de 1870.

En su Decreto, el papa enumera los motivos que lo llevaron a tomar esta decisión: Dios eligió a san José para encomendarle el cuidado de la Virgen María y Jesús; siempre se le ha honrado junto con la Virgen María y en los momentos difíciles la Iglesia ha sentido siempre su protección.

El 8 de diciembre pasado se cumplió el 150 aniversario del documento Quemadmodum Deus (Del modo en que Dios), con el cual se declaraba a san José, Patrono de la Iglesia. Por este motivo el papa Francisco ha querido declarar un año dedicado a san José, que puede ayudar a comprender que todos somos indispensables en nuestro mundo, sobre todo en este momento de crisis que estamos viviendo, pues son muchas las personas que sin estar bajo la luz de los reflectores ayudan al bien de todos. El papa Francisco nos dice: San José nos recuerda que todos los que están aparentemente ocultos o en “segunda línea” tienen un protagonismo sin igual en la historia de la salvación. Y a todos ellos quiere dirigir una palabra de reconocimiento y de gratitud.

Nosotros también queremos unirnos a este acontecimiento, presentando en esta sección algunas reflexiones a partir de la carta apostólica Patris corde (Corazón de padre), con la cual el papa Francisco ha declarado este año dedicado a san José, para que nos ayude a imitar algunas de sus virtudes y de estar muy cerca de Jesús como lo estuvo él.