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Se cuenta que hace mucho tiempo en la tierra del Mayab, (territorio conocido actualmente como Yucatán), había un hombre que podía curar todas las enfermedades gracias a sus oraciones y a una piedra verde que poseía. Un día mientras regresaba de visitar a un enfermo, en medio de la selva lo agarró una fuerte lluvia y comenzó a correr para llegar lo antes posible a su casa.

Al día siguiente, una mujer fue a su casa suplicándole curara a su pequeño hijo que estaba muy enfermo. Al momento que aquel hombre quiso curar al niño, se dio cuenta que no tenía su piedra verde y comenzó a buscarla por toda la casa sin ningún resultado. En medio de su desesperación se le ocurrió la idea de pedir ayuda a los animales de la selva para poderla encontrar, pero solamente Cocay, un pequeño insecto volador, muy ágil, rápido y conocedor de todos los rincones de la selva se ofreció a ayudarle.

Todo el día estuvo buscando la piedra verde sin poderla encontrar; a pesar de ser ya de noche y estar agotado, quería seguir buscándola, pero debido a la oscuridad no veía nada. De repente su cuerpo comenzó a brillar; después de algunas horas por fin encontró la piedra curativa.

Cuando aquel pequeño insecto entregó la piedra verde al hombre que curaba, este le dijo: Has demostrado generosidad, esfuerzo y perseverancia, por eso ahora brillas con luz propia. A partir de ahora el Señor de los cielos te concede a ti y a todos los de tu raza brillar en medio de la oscuridad. Y desde aquel día Cocay y todos los suyos se transformaron en luciérnagas.

Dice un refrán: Año nuevo, vida nueva, y quisiéramos que ojalá fuera así, después de los últimos meses de incertidumbre, e incluso para algunos de miedo, de sufrimiento por haber perdido a un familiar o a un amigo; momentos como estos nos llevan a no saber qué hacer, cómo actuar o incluso a perder la esperanza…

Afortunadamente, Dios no nos deja solos, nos da esa luz que necesitamos para seguir adelante de diferentes maneras, desde una sonrisa desinteresada que recibimos, una palabra de aliento, un gesto de generosidad que no espera recibir nada a cambio.

Todas estas muestras de la cercanía de Dios, nos deberían recordar que estamos llamados a ser la luz del mundo, pues todos tenemos algo para compartir con los demás, y deberíamos considerarnos como instrumentos en las manos de Dios, para procurar la gloria de Dios y la salvación de los hermanos, como les explicaba san Guido a los xaverianos en la Carta Testamento con respecto al voto de obediencia, siempre dispuestos a hacer las cosas fáciles como las difíciles, las que nos agradan como las que nos desagradan.

Se necesitan otros Cocay que, a pesar de enfrentarse a situaciones difíciles, no se desanimen y enciendan una vela en lugar de maldecir la oscuridad, pues brillan con luz propia y pueden ayudar a los demás porque Dios habita en su corazón.