Autor: P. Gerardo Custodio L. /
El P. Mario Menín nos ha dirigido las dos tandas de Ejercicios Espirituales que hemos hecho recientemente los xaverianos y xaverianas en México. Ha sido una buena experiencia el reflexionar sobre la misión desde el ángulo de la fe. Una fe que viene de la vivencia hecha por personajes bíblicos más que de conceptos doctrinales ya establecidos.
La reflexión comienza con la cita de Hebreos 11: “La fe es aferrarse a lo que se espera, es la certeza de cosas que no se pueden ver”. El texto invita a abrirse a la esperanza, a no cerrarse, a no hacer algo íntimo y personal lo que está hecho para ser dinámico y poner en relación con los demás. La fe no es algo ya acabado. Los personajes mencionados en la cita, actúan por la relación que establecen con otra persona o con un pueblo. La fe no los deja tranquilos, los pone en riesgo, en lo provisorio, de estar en un camino que no ha terminado y necesita continuar… Viven la certeza de que Dios quiere hacer algo a través de ellos y ellas. En la biblia, muchos dieron su vida sin ver los resultados por sí mismos, como hubieran querido, pero estaban seguros de que la mano de Dios no los abandonaría. La fe es crisis, es tropiezo, cuestiona. Como el río que corre y encuentra todo tipo de obstáculos pero sigue adelante. Así la fe, en su recorrer de cada día, madura y se purifica.
Jesús alaba la fe de la viuda que pide justicia al juez sin escrúpulos. Ella no se desanima, no se cansa, no se rinde. Sabe que es difícil conseguir algo de aquel juez que no teme a nadie ni cree en nada. Un juez al que no le importan las personas es el encargado de impartir justicia, y la pobre viuda lo sabe. Pero su persistencia le hace conseguir el objetivo (Lc 18,1-8).
La misión de Jesús, dice el evangelio de Lucas, se centra en su camino a Jerusalén. Durante este viaje, se le acercan algunos que lo quieren seguir. Ellos ponen sus condiciones: primero enterrar a su padre, despedirse de los suyos… Con sus pretensiones, quieren detener a Jesús de su camino. Son muchas las tentaciones de pararse, de desviarse, de no llegar a la meta. Jesús responde que no hay tiempo para entretenerse porque hay algo más urgente. La fe es continuar, dejar el pasado, seguir al Maestro y caminar con él (Lc 9,57-62). La fe es salir del propio nido, superar lo que nos ata y darle cause a la novedad en nuestra vida que es Jesús.
Así sucede con Abraham: “deja tu patria, a tu raza y a la familia de tu padre…” (Gn 12,1-4). La fe adulta da el salto sin nostalgias, se arriesga a caminar para llegar a la tierra que Dios le va a mostrar. Abraham es el creyente contra toda esperanza, se arriesga ante la prueba de sacrificar a Isaac, su futuro, su sueño, su todo. Toma a su hijo y caminan 3 días. Tiempo de discernimiento, de reflexión, de decisión. Llega a entender que su hijo no es suyo ni de su propiedad sino de Dios. Está dispuesto a desprenderse de lo que más quiere y Dios lo premiará. Isaac queda libre (Gn 22).
Hay otros personajes en la biblia que el P. Mario Menín nos presentó que muestran el camino de la fe como lucha (Gn 32, 23-33) como en el caso de Jacob, que es bendecido porque no desistió en su lucha-encuentro con Dios. El caso de Pablo que no se desanima en la predicación a las comunidades que pelean y viven divididas (Flp 2, 3ss). El mismo Jesús, que enfrenta con tenacidad los obstáculos y tentaciones que el Diablo le ofrece para desviarlo del plan de Dios su Padre.
La fe, finalmente, nos invita a ver con otros ojos, con otros sentimientos que son los de Jesús. Mateo (5,1-12) nos muestra en las bienaventuranzas, que lo invisible (fe) se hace visible (obras). La fe, como dice Santiago, se muestra en obras y se vive en cada momento. Nosotros estamos llamados a ser misioneros de la fe, que con la vida siembran en el mundo la semilla del proyecto de Dios.

