Skip to main content
Xaverianos

La gran convocación de Dios

Autor: P. Gerardo Custodio L. /

Las fiestas tradicionales de Navidad se cierran con la Candelaria o Presentación del Señor al templo, que es cuando las personas levantan los nacimientos y se guardan para el próximo adviento (aunque litúrgicamente se terminan con el bautismo del Señor). Entre el nacimiento de Jesús y su manifestación al pueblo a través del bautismo, hemos celebrado también la fiesta de la Epifanía. Esta fiesta fue considerada siempre como una fiesta misionera porque es la gran convocación que Dios le hace a todos los pueblos, de todas las razas y de todos los tiempos, a formar parte de un pueblo dispuesto a vivir el proyecto de Dios en la fraternidad y la justicia. Y en esta fiesta, son los reyes magos venidos de oriente (“los paganos”) los que marcan la pauta.

Estos personajes vienen en busca del Dios que acaba de nacer. Hay una señal prodigiosa que los guía. Una vez que consultan al rey Herodes, quien queda sobresaltado por la noticia, salen, guiados por la estrella hasta donde se encuentra Jesús y sus padres. Los personajes misteriosos, una vez que conocen a Herodes y lo que significa (poder, ambición, mentira… capaz de matar a inocentes) y conocen a Jesús (cumplimiento de la promesa divina que se manifiesta en un niño humilde), deciden no volver a Herodes. Una vez que se encuentran con Jesús y constatan con sus ojos sobre la realidad de lo que significa, no quieren ningún tipo de tratos con Herodes. Deciden no regresar a él, aun si el mismo rey se los había pedido. Regresar a Herodes hubiera sido revelar el lugar preciso donde estaba el niño, el cual seguramente hubiera sido eliminado inmediatamente por el orgulloso rey que no quería competencia. Regresar a Herodes los hubiera hecho cómplices de las decisiones del rey.

Es ahí el punto donde nos toca a nosotros estar atentos. No es posible decir que conocemos a Jesús y seguir haciendo pacto con el mal. No se puede tener un pie aquí y allí al mismo tiempo. La propuesta es una opción definitiva, no obstante que nos lleve tiempo para conseguirla. La lucha diaria estaría en intentar ser fiel a la decisión tomada y con ello, sentirnos parte de la nueva propuesta de Jesús que nos llama a formar parte de ese pueblo que cada día va construyendo el Reino de Dios en la sociedad y familia donde vivimos. Esta es una buena razón para que en la cuaresma que se aproxima, tengamos material en donde trabajar. Más que propósitos “desechables” de cuaresma, pongamos nuestro empeño por servir al plan de Dios: de ayudar a formar una familia humana más fraterna.