Autor: P. Osvaldo Pulido R. /
Guerras sin sentido, deseos de venganza, problemas sin resolver, familias rotas, alumnos generando bullyng, violencia... Esto surge por la pérdida de conciencia de sentirnos hijos de un mismo Padre que nos ama. El bautismo de Jesús, me recuerda aquello a lo que estoy llamado a ser y hacer, como hijo de Dios. Lee despacio y medita a Lucas 3,15-16 y 21-22.
El evangelista Lucas,
nos narra el principio de la vida pública de Jesús. Jesús inicia su misión a partir del bautismo. En este acontecimiento, Jesús descubre lo que Dios era para él y lo que tenía que ser él para Dios. El Hijo de Dios, va descubriendo poco a poco el sentido y el valor que tiene su vida y la misión que el Padre le ha encomendado. Con el bautismo, Jesús celebra su nuevo nacimiento, animado por el Espíritu.
Energía y vida
El evangelista, q
Podemos decir, que el gran protagonista del bautismo de Jesús ha sido el Espíritu que invade su persona. A Jesús lo entendemos mejor a partir de la acción del Espíritu. Se trata del mismo Dios que transmite a su Hijo esa energía y vida. El mensaje de Jesús está lleno de la experiencia de Dios como Espíritu; el mismo Jesús, nos invita hacer esa misma experiencia en nuestra vida.uiere resaltar en esta página ciertos símbolos: “Cielo abierto, bajada del Espíritu y la voz del Padre”. Todas estas imágenes están relacionadas con el Mesías. Se trata de una epifanía, es decir, de una manifestación de Dios a los hombres y mujeres. Lo que interesa es aquella profunda experiencia que hizo el mismo Jesús al ser bautizado por el Bautista.
Reavivar el Espíritu
Desde el bautismo en adelante, todo lo que Jesús haga o diga será continuidad de la presencia del Espíritu de Dios, que va guiando su misión. También en nuestra vida cristiana, es el Espíritu de Jesús el que nos va dando las posibilidades de ser y sentirnos hijos de un Dios que nos ama. Hacer parte de la familia de Dios por el bautismo, nos da la posibilidad de ser más humanos y nos anima a ponernos al servicio de quienes más nos necesitan.
En nuestros días, parece que vivimos la ausencia de Dios, ¿No será que tenemos que reaccionar y revisar si tal vez nosotros mismos estemos apagando al Espíritu de Jesús por nuestra falta de testimonio e indiferencia? Nuestro bautismo nos invita a reavivar ese Espíritu en nuestra vida y en la vida de la Iglesia para sentirnos parte de una misma familia y enviados por el Señor para comunicar la alegre noticia del Evangelio, siendo testigos del Dios de Jesús, que se hace presente en la historia y en cada hermano(a).
Reflexión personal
Jesús a lo largo de su vida, fue experimentando progresivamente su ser hijo de Dios. El bautismo va a confirmarle esta identidad. ¿Me he detenido a tomar conciencia de pertenecer a una misma familia por el bautismo que he recibido? ¿Cuál ha sido mi experiencia al sentirme hijo de Dios?
En toda la vida de Jesús, ha estado presente el Espíritu de Dios que lo va guiando. En mi camino como seguidor de Jesús y en mis decisiones que voy tomando, ¿me dejo guiar por el Espíritu de Jesús? ¿Qué implicaciones tiene el dejarme guiar por el Espíritu de Dios?
A partir del bautismo, Jesús se pone en camino hacia la misión que el Padre le encomienda: dar a conocer el rostro de Dios amor. Como seguidor de Jesús, ¿me he comprometido en algún momento a colaborar con alguna actividad dentro de mi parroquia? ¿Me preocupo por vivir relaciones fraternas con los que tengo a mi lado?

