La fe viene de la predicación y la predicación consiste en anunciar la palabra de Cristo (Rm 10,17)
Este mes de octubre, Mes de las Misiones, surge en nosotros la interrogante: ¿tengo fe? Si la tengo, ¿cómo la vivo? Y si no la tengo, ¿por qué no la tengo? A nivel personal creemos tener fe, porque asistimos a la Santa Misa, porque rezamos el Santo Rosario, o bien, porque leemos la Sagrada Escritura. La fe cuando se pone en acción se expresa con obras de apostolado, y de una manera especial, con la predicación de aquello que creemos. Es verdad que estas cosas son expresiones de una fe adquirida. Hasta se puede decir que gracias a ello, nuestra fe se alimenta y crece.
La fe viene de la predicación…
Tal vez nos interroguemos también acerca del significado de fe. La fe es la confianza que tenemos en Dios. Es la certeza y convicción profunda de lo que creemos de Dios. Por ejemplo: que Él es creador, que Él nos envía a Jesucristo para salvarnos. En relación a Jesucristo, nuestra fe se fundamenta en lo que conocemos y creemos de Él; por ejemplo, que es el Mesías, es decir, el ungido de Dios que vino a salvarnos. La fe tiene también un significado de permanencia en la fidelidad a Dios, a pesar de la adversidad.
La predicación se puede entender de dos maneras; la que Cristo realiza, según el testimonio de los Evangelios, es decir: las mismísimas palabras de Jesús. El sacerdote cuando proclama el Evangelio repite con su voz las palabras de Cristo, lo que Cristo nos comunica. Cuando esta predicación es escuchada de corazón, permite que la fe nazca en nosotros, porque creemos con certeza lo que Cristo nos dice. También, la predicación es el anuncio de la buena noticia que se realiza por los que son llamados por Cristo: apóstoles, obispos, sacerdotes, diáconos, catequistas y fieles comprometidos en el anuncio de la Palabra. Las mismas palabras de Jesús son proclamadas en una asamblea de fieles o en reuniones de infieles con la disposición de escuchar y creer lo que se predica.
La fe consiste en anunciar y creer en la Palabra de Cristo
El que predica el Evangelio, necesariamente utiliza la voz. La fe está ligada a la escucha y por tanto al conocimiento y a la comprensión de las cosas. Quien escucha el Evangelio recibe la fe, quien no escucha el Evangelio no entra en el ámbito del conocimiento, no adquiere la certeza de las verdades divinas y su confianza en Dios está limitada, y, por lo tanto, no adquiere el don de la fe, pues la fe viene de la escucha de la Palabra de Dios que es buena noticia para el oyente.
La fe está ligada también a la obediencia. Es a la Palabra escuchada que obedecemos. Y la obediencia no es otra cosa sino la fidelidad a la Palabra escuchada. Por tanto, la fe además de ser proclamada es vivida.
Reflexión
¿Dispongo mi corazón diariamente a escuchar la Palabra de Cristo? ¿Obedezco fielmente lo que Él me comunica? ¿En qué medida soy predicador del Evangelio de Jesucristo?



