En este mes, queridos lectores, hablemos sobre el número 35 de nuestras Constituciones, en el cual encontramos otro de los elementos fundantes de nuestra congregación: El espíritu de familia. ¡Vean cuán bueno y agradable es que los hermanos vivan unidos!, exclama Conforti en la Carta Testamento y continúa anunciando su gran deseo, que para nosotros es todo un legado: Quiera el Señor que nuestra sociedad ofrezca este espectáculo consolador, y sin duda lo ofrecerá si la caridad de Cristo regula todas las relaciones entre los hermanos y hace de todos los miembros que la componen un solo corazón y una sola alma (CT 9).
Nuestro fundador quería que la congregación se construyera a partir de un fuerte sentido de familia. El espíritu de amor intenso hacia nuestra familia religiosa, a la cual hemos de considerar como madre, y de caridad a toda prueba hacia los miembros que lo componen (LT 10), una de esas consignas que siempre hay que recordar y vivir. Dado su fuerte alcance misionero, esta característica es constitutiva de nuestro ser xaveriano (cfr. Constituciones 35).
Cierto que esta familia no está basada en la carne o en la sangre (cfr. Jn 1,13) sino en el amor trinitario del cual ella es un signo alegre y una participación (cfr. VC 41); y es por ello que nuestras relaciones fraternales se inspiran en la caridad de Cristo, que es mucho más fuerte que cualquier afecto natural (LT 11) y se construyen alrededor de Cristo y su Evangelio que se convierte para nosotros en norma de vida, de pensamiento y de acción. Es esta novedad evangélica la que permite a nuestra familia su apertura a la misión y a la internacionalidad (cfr. C 37).
Recuerdo cuando llegué a Burundi, el año 2001, me encontré con hermanos que jamás en mi vida había visto, todos de origen italiano, yo mexicano, muchos de ellos teniendo la edad de mi papá, otros menos grandes, pero ciertamente con una diferencia notable; nada nos hacía semejantes, solo un ideal nos unía: el Evangelio que hacía de nosotros una familia misionera en Burundi. Siempre me sentí tratado como hermano entre hermanos, siempre sentí estar en familia.
El espíritu de familia y de comunión se expresan en la vida cotidiana con gestos y actitudes concretas. Permítanme señalar algunos que he encontrado constantemente en las comunidades donde he vivido y que también ustedes pueden constatar e imitar:
- El sentido de pertenencia que nos hace participar con sencillez y fidelidad en la vida de la congregación; alguien me decía: Ustedes los xaverianos siempre traen bien puesta la camiseta. Nos gusta decir quiénes somos, nos gusta contagiar nuestra identidad.
- La disponibilidad para el discernimiento de la comunidad, la recepción cordial de las decisiones comunitarias y su contribución activa a su logro; los xaverianos no tenemos miedo a actuar condicionados al sentir de la comunidad, no nos da pena sujetar nuestra libertad a la orientación comunitaria; todo lo compartimos en el altar de la concordia.
- Comunicación frecuente, basada en la fe, tanto informal como formal, de las experiencias vividas, los éxitos, los fracasos y las esperanzas; no solo vivimos juntos, compartimos lo profundo de nuestro vivir.
- Finalmente, aceptación del hermano, sobre todo, de los elegidos como animadores del diálogo y la comunión, en la fe y la obediencia.
Este es el ideal de Conforti, hacer del mundo una familia porque vamos al mundo siendo familia y testimoniando el ser familia. Y tú, ¿cómo te relacionas con los demás? ¿Crees que tú también los puedes vivir? Que san Guido nos ayude a ser y vivir siempre como familia unida en Cristo.



