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P. Jesús Tinajera s.x.

La misión nos enriquece

El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra aquel campo (Mt 13,44).

Entre las muchas explicaciones sobre lo que significa el tesoro escondido, encontramos aquella que habla de Cristo. Sí, Cristo es el tesoro escondido. Y es la que más nos convence. Cristo se revela a nuestras vidas en un momento determinado. Normalmente en la juventud. En la niñez empezamos a conocerlo por el catecismo, las homilías en la santa misa y sobre todo en la instrucción religiosa de nuestros papás… Muchos hemos tenido la suerte de tener unos papás enamorados de Cristo. Es en la etapa de la juventud, cuando nos damos cuenta que nuestra vida se ha impregnado de Cristo, y, que no podemos separarnos de Él. En nuestro proyecto de vida queremos incluirlo a Él, a toda costa, a punto de decirle: Jesús, ¿qué quieres que yo haga? ¡Por Ti, yo estaría dispuesto a recorrer el mundo y llegar hasta los últimos confines de la tierra! Y Él nos toma la palabra.

El seminario: a la búsqueda del tesoro escondido…

Entrar al seminario es un momento de gran alegría. Primero, porque allí se hace la experiencia, individualmente, de que, en nuestra elección de seguir a Cristo, no podemos equivocarnos. Segundo, porque viendo a los que llegan al seminario, comenzamos a mirarlos como hermanos. Cristo nos une en un deseo común: consagrar nuestra vida a su servicio. Tercero, sentimos en el corazón las ganas de dar todo lo que se nos pida, como prueba de nuestro amor al tesoro de nuestras vidas: Cristo. Es hermoso, darse cuenta, que hay muchos jóvenes que eligen a Cristo, aunque no entren al seminario o a la vida religiosa. En efecto, es el mismo Cristo que los convoca en los distintos ámbitos de la sociedad; para que el Reino de los Cielos se viva en todas partes. Pero no descartamos, que el llamado al sacerdocio y a la vida religiosa y más aún, a la misión: ¡es una vocación privilegiada!

La misión: el campo que nos enriquece…

La vida en el seminario, ayuda a desprenderse poco a poco de personas, de cosas materiales y también de defectos personales… los que no pueden vender sus posesiones y prefieren quedar atados a ellas, tarde o temprano, abandonan el seminario… y no son pocos. El que persevera, alcanza, dice el dicho. El sacerdocio o la consagración religiosa por los votos de pobreza, castidad y obediencia, representan esa gran alegría del hombre que ha encontrado un tesoro. Pero su mayor alegría la poseerá en el campo concreto de la misión. En los confines de la tierra, a donde llegará con lo único que se ha quedado: su tesoro, Cristo. Su voz, sus palabras, sus acciones dirigidas a poblaciones llamadas antiguamente infieles, servirán para que dejen de serlo, poco a poco. Dios no abandona al ser humano de ningún lugar… la huella de la sabiduría divina de los pueblos que nosotros consideramos más lejanos, es una riqueza que aumenta nuestro tesoro. El intercambio de fe y valores entre las culturas, hace que nuestro tesoro se incremente y que nuestro amor a Cristo, Salvador de todos los pueblos, sea más comprometido, cada día.

Reflexión

¿Has descubierto a Cristo como el tesoro de tu vida? ¿El centro de tu proyecto de vida, es el Señor Jesús? ¿Hasta dónde quieres llegar con Cristo?