En algunas familias existe la costumbre que antes de salir de casa, sobre todo la mamá bendiga al hijo o a la hija, para que le vaya bien, Dios lo acompañe en su camino y lo proteja.
Bendecir, es un gesto no solamente humano sino también divino. Dios después de crear al ser humano, dice la Biblia, los bendijo. Lo mismo hace con Abraham y le dice que en él serán bendecidos todos los pueblos de la tierra.
Llama la atención que las últimas palabras que escribe monseñor Conforti en la Carta Testamento sean precisamente: los bendigo. Es la bendición del padre que implora a Dios para sus hijos, el espíritu de los apóstoles y la perseverancia final, para que puedan entregar su vida que han consagrado completamente al anuncio del Reino entre los no cristianos.
Creemos que esta misma bendición, podemos pedirle a san Guido que la extienda a todas aquellas personas que a lo largo de estos años nos han ayudado con su oración, con su testimonio y con su ayuda económica, para que podamos seguir nuestra vocación misionera.