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P. Juan Juárez s.x.

La causa que nos une en una sola familia

Al escribir la Carta Testamento, monseñor Conforti quería transmitir a sus queridísimos misioneros presentes y futuros, aquellas recomendaciones que él consideraba importantes para que se mantuvieran fieles al compromiso adquirido.

En ella podemos encontrar una manera de vivir la vida cristiana, una espiritualidad, en otras palabras, un don o carisma que si bien es cierto va especialmente dirigido a los xaverianos, en él encontramos algunos elementos que lo puede vivir cualquier cristiano o cristiana que se sienta identificado con este camino. La espiritualidad xaveriana no es solo un don dado a los xaverianos sino a toda la Iglesia.

Lo primero que se puede resaltar, es que cada uno de nosotros debe estar íntimamente persuadido de que la vocación a la que hemos sido llamados no podía ser más noble y grande, es decir, cada uno puede aportar su pequeña colaboración para que se cumpla el vaticinio de Cristo, que desea la formación de una sola familia cristiana que abrace a la humanidad. Lo que dejemos de hacer ninguno lo hará, todos podemos contribuir para que nuestro mundo sea más justo, más fraterno, más solidario. Es la causa que nos une como familia y por eso abrimos las puertas de nuestro corazón para no pensar solo en nuestros problemas, sino también en aquellos que viven en otros países.

Un segundo elemento que podemos considerar el más crucial por la manera como influyó en la vida de san Guido es el cristocentrismo, es decir, poner a Jesús al centro de nuestra vida y vivir la experiencia que él tuvo con el Cristo de la paz, mirar a Jesús para que nos diga tantas cosas, pero sobre todo formarnos en este libro que nos enseñe la humildad, la pureza, la mansedumbre, el desprendimiento de todas las cosas de la tierra, la conformidad con el querer divino, y sobre todo, la caridad para con Dios y para con los hermanos.

Cristo en la cruz fue tan importante para san Guido, que escogió como lema episcopal: In Omnibus Chirstus, Cristo en todas las cosas. Pero sobre todo por el tiempo que dedicaba a la oración. Se comprende que diga a sus misioneros que si quieren ser fieles a su vocación deberán tener a Cristo delante de los ojos de la mente.

Otro elemento que san Guido recomienda, para que Cristo continúe siendo el centro en nuestra vida, es alimentar continuamente la vida sobrenatural con aquellas prácticas que han nutrido la fe de tantas personas a lo largo de los siglos como son, la meditación diaria, la lectura espiritual, la confesión de ser posible semanal, el Rosario, los ejercicios espirituales…, pero sobre todo la visita al Santísimo, ya que, es al pie del sagrario donde hemos de templar nuestras energías para nuevas fatigas.

Por último, el sentido de pertenencia a la Iglesia, con lo cual tomaremos conciencia que el mandato que dio Jesús a sus discípulos antes de subir al cielo de Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio, no solo le corresponde a un determinado grupo de personas, sino a todo aquel que cree en Jesús, pues todos debemos compartir nuestra fe sobre todo con aquellos que no lo conocen.