Autor: P. Saúl Ruiz A. /
“Las personas puede ser que estén mejor, pero tal vez no bien”, dicen los indígenas. Ellos recuperan la doble dime de su cosmovisión ancestral: Vivir+Bien. En los modelos educativos actuales se nos evalúa individualmente y se nos premia con una calificación para la competitividad y el individualismo; en la visión indígena la educación es de todos, es permanente, cíclica y la evaluación es comunitaria. El P. Saúl, mexicano y xaveriano, trabaja en la Pastoral Indigenista del norte de Brasil desde hace años. El nos presenta algunas reflexiones que ponen de relieve lo que las culturas ancestrales nos aportan al mundo de hoy.
El torrente hidrográfico del Amazonas cuenta con aproximadamente 23000 kms de ríos navegables. Bajo la mirada de los grandes emprendedores capitalistas toda esa agua del norte de Brasil significa un potencial de 111396 mega watts de energía. Se encuentran también yacimientos de oro, estaño, níquel, potasio, calcáreo, manganeso, hierro, aluminio, diamante, cromo, uranio, gas y petróleo. De ahí el gran interés sobre la riqueza que esconde esta zona brasileña de parte de grandes empresas y bancos nacionales e internacionales, empresas metalúrgicas y mineras.
Sin embargo, todos ellos se encuentran delante de un gran obstáculo: la región amazónica está poblada por gran variedad de pueblos indígenas. De 508.866,844 hs. de la amazonia, 127.109,356 hs. son tierras indígenas y 80.091,105 has. tierras protegidas de conservación.
De los territorios indígenas, algunos ya son territorios reconocidos, otros sin reconocer aún; y otros, son pueblos llamados libres, es decir, que aún no tuvieron, ni quieren tener contacto con la civilización occidental que los rodea. Se considera que son cerca de 40 pueblos llamados libres o aislados.
Además de los pueblos indígenas se encuentran otros grupos que emigraron y se establecieron en esas tierras y ríos: los que viven a las orillas del rio son llamados ribeirinhos; los afrodescendientes que huyeron de la esclavitud se establecieron en grupos llamados Quilombos; los que emigraron en busca de tierra para criar ganado, los hacendados; los que llegaron en busca de tierra para cultivar, posseiros; otros que vinieron en busca de oro, garimpeiros; y los que aún no consiguieron su tierra y se establecen a la orilla de las carreteras, los sin tierra. Hasta en estos grupos se vive también la disputa y conflicto por el territorio. Pero no se compara con lo que las grandes empresas están disputando.
Uno de los grandes villanos de la Madre Tierra son las extensas plantaciones de soya que vienen ocupando las áreas de la floresta; así como la palmera para producción de aceite dendé y agro combustible; grandes monocultivos de eucalipto para elaboración de carbón para producción del fierro gusa.
Las áreas menos deforestadas son las de los pueblos indígenas. Sin embargo se encuentran bajo el riesgo inminente de invasión de sus tierras debido a la apertura de carreteras para extracción de soya y líneas de energía, de represas, de grandes mono cultivos que generan una migración masiva de gente que viene en busca de nuevas posibilidades de vida, de empleo y que acaba quedándose en la región. La construcción de una Hidroeléctrica en Belo Monte, que será la tercera mayor del mundo y que además de inundar una grande área de la ciudad de Altamira (donde estuvimos los xaverianos), provocará problemas de navegación y alimentación para algunos grupos indígenas (Xikrin, Juruna y Arara), pescadores y ribeirinhos. La primera etapa de la construcción ya generó una migración masiva de gente para trabajar y la ciudad no tiene la infraestructura suficiente que soporte tal cantidad de personas que buscan empleo. Lo mismo pasa en las ciudades donde estamos los xaverianos: Tucumá, Ourilandia y San Felix do Xingu, donde hay grandes proyectos de extracción mineral. Las pequeñas ciudades se vuelven un caos. No faltan casos en que los mismos funcionarios del gobierno, venden ilegalmente tierras para empresarios. También los rebaños bovinos van conquistando las tierras. Este avance de la pecuaria en la floresta significa: extracción de madera y destrucción de la floresta y su biodiversidad.
En Brasil sólo el 4% de la población pertenece a los pueblos indígenas, que suman aproximadamente 220 con 180 lenguas pertenecientes a 35 troncos lingüísticos. Diferencia muy grande si lo comparamos, por ejemplo, con Bolivia donde el 55% de la población pertenece a los pueblos originarios y se dividen principalmente en 4 familias lingüísticas. Por esto, nace de ellos, la demanda por el respeto a una visión propia, sus derechos de origen y el rechazo formal al modelo liberal de desarrollo económico impuesto por la cultura dominante.
En una sociedad plural deberían existir también principios éticos y morales diferentes, y un pluralismo jurídico. Y a este respecto está comenzando una nueva reflexión en Brasil a partir de los pueblos andinos originarios. En la carta magna de Bolivia ya se proclama en su artículo 8º: “El Estado asume y promueve como principios éticos morales de la sociedad plural: ama qhilla (no seas flojo), ama llulla (no seas mentiroso), ama suwa (no seas ladrón), suma kamaña (vive bien). Delante de los dos caminos ofrecidos: el del Capitalismo, donde lo más importante es el capital, y el del Socialismo, donde lo más importante son las relaciones sociales, están también los pueblos ancestrales que recuerdan que lo más importante es la vida. Mas que buscar una vida mejor, que genera desequilibrio entre las personas y la naturaleza, es necesario buscar la armonía entre todos: seres humanos, plantas y animales, conviviendo como una grande familia. Por eso propone también avanzar en la declaración de los Derechos de Nuestra Madre Tierra. Y la primera conquista ya está hecha. Los pueblos y organizaciones indígenas consiguieron que el día 22 de abril de 2009 fuera declarado el Día Internacional de La Madre Tierra. Ya muy herida a causa del desarrollo de los pueblos que dominan.
Las personas puede ser que estén mejor, pero tal vez no bien, dicen los indígenas. Ellos recuperan la doble dimensión de su cosmovisión ancestral: Vivir-Bien. Esto significa, que más allá de las relaciones sociales, es necesario recuperar las relaciones de vida; más allá de ver la naturaleza como simple recurso, tenemos que redescubrir que la naturaleza está llena de seres (montañas, ríos, animales, vegetales) con quienes nos relacionamos y vivimos en equilibrio y no como depredadores; los ríos son rutas sagradas de los peces, morada de los ancestros.
Así, los pueblos indígenas van descubriéndonos que los seres de la creación no son sólo objetos de mercado y sí parte integrante de nuestro ser; somos todos parientes, dicen ellos. Esperamos que también a través de estas razas, andinas y amazónicas, continúe hablándonos el espíritu. Como reza uno de los lemas en una de las universidades de nuestro querido México: “Por mi raza hablará el Espíritu”.


