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Otro momento importante que marcó la vida de san Guido, durante su adolescencia, fue la lectura de la biografía de san Francisco Xavier. Tanto le impactó la vida de este santo, que lo motivó también a querer entregar su vida al anuncio del Evangelio entre los no cristianos.

Debido a distintos motivos no pudo hacerse realidad este ideal, pero el fuego que encendió Xavier en su corazón no se apagó con los años, al contrario, lo ayudó a ir madurando la idea de fundar un Instituto dedicado totalmente a las misiones.

Así se lo expresa al cardenal Ledokowsky: Desde mis años más tiernos, siempre he sentido una fuerte aspiración de dedicarme a las misiones extranjeras, y no habiendo podido secundar esta santa inclinación a su debido tiempo por razones independientes de mí, he pensado desde hace muchos años fundar yo mismo para la zona de Emilia un seminario destinado a este fin.

Aun cuando Xavier en la vida de san Guido era una persona muy importante, llama la atención que en la Carta Testamento no tenga un apartado especial, sino que se le mencione cuando se habla de cultivar una tierna devoción a la Virgen María, a san José y a los apóstoles.

Sin embargo, la tradición nos ha transmitido que san Guido no dejaba pasar la oportunidad para hablar de nuestro insigne Patrono que todos los xaverianos deberían considerar su modelo a seguir, ya que, mirando a Xavier, la fe se reanima.

Xavier debería ser para todo xaveriano un modelo a seguir no solo como misionero, sino también cómo llevó a cabo su misión: Inspirémonos en los ejemplos de san Francisco Xavier y recordemos siempre que, si queremos ser dignos apóstoles del Evangelio, también nosotros debemos ser todos de Dios, del prójimo y de nosotros mismos.

Cuando la reliquia del brazo de Xavier visitó Parma, san Guido no perdió la oportunidad para pedirle a nuestro Patrono de: bendecir al Instituto que de ti toma el nombre e inspiración y acoge a aquellos que te invocan como padre y anhelan, como un día tú anhelaste, llevar la fe a aquella China designada como campo de su apostolado. Infunde en ellos tu espíritu, el ardor santo de las conquistas y haz que jamás se hagan indignos de tu gloriosa paternidad.

No es pues raro que, desde el principio, san Guido no aceptara que a sus hijos misioneros se les llamara confortianos, sino xaverianos, ya que, si del Cristo de la paz había recibido su vocación, de Xavier había recibido la inspiración para sacrificar toda su persona, sus bienes y lo que estaba a su alcance para realizar esta santa obra para que todo mundo conozca y ame a nuestro Señor Jesucristo.