El próximo 12 de octubre de este año los Misioneros Xaverianos celebraremos por primera vez la Jornada de los Mártires Xaverianos, que en distintas partes del mundo han dado su vida por el Evangelio.
Los primeros mártires de la congregación murieron en China, pero queremos iniciar con los mártires xaverianos de la República Democrática del Congo. Allí fueron asesinados tres xaverianos y un sacerdote diocesano que se encontraba en la misión xaveriana de Fizi.
Esta reseña que proponemos en seguida es la traducción de una historia llamada Kopo et Tala, que en lengua swahili significa La Taza y la Lámpara, en alusión a una taza de café que una familia congolesa conserva, hasta el día de hoy, como recuerdo de estos mártires, y la lámpara del padre Didonnè que portaba la noche en que fue asesinado. Estos datos históricos son el fruto de la investigación del padre Faustino Turco, actual maestro de novicios en la RD del Congo.
Contexto histórico
El movimiento Mulelista
La República Democrática del Congo fue colonizada por Bélgica en 1884, y obtuvo su independencia el 30 de junio de 1960. Desgraciadamente el 17 de enero de 1961 su primer ministro Patrice Lumumba fue asesinado. Este triste acontecimiento provocó una inestabilidad política en todo el país.
En este contexto nació el movimiento Mulelista, guiado por Pierre Mulele, un simpatizante del comunismo chino, de hecho, él y otros congoleses recibieron una formación militar en China. En 1963 inició una rebelión armada que pronto se extendió por todo el territorio congolés. En el Este del país el general Shaban dirigía el movimiento cuya sede se encontraba en Fizi, y este era el punto de referencia del coronel Abedi Masanga quien asesinó a los tres xaverianos y al padre diocesano Albert Joubert el 28 de noviembre de 1964.
Los Xaverianos en Baraka
Los Misioneros Xaverianos llegaron a Baraka en 1959, fueron recibidos por los padres Blancos de origen holandés y francés. Vivían en la colina llamada Mwemezi donde los padres Blancos habían fundado la misión en 1948, tenían una iglesia, una escuela y la casa de los padres. Pero el lugar estaba muy aislado de la población y no había agua. Además, después de la independencia del país, la inseguridad era inquietante.
El 2 de febrero de 1961, un helicóptero de la ONU aterrizó en Baraka con el objetivo de llevarse a los misioneros a un lugar seguro. Estos últimos, unánimes, decidieron quedarse con la gente. Unas horas más tarde, fueron encarcelados por los militares acusándolos de ser cómplices de los presuntos asesinos del primer ministro Lumumba.
Entre aquellos 4 misioneros se encontraba el hermano Faccin quien aún no había hecho su profesión perpetua. En una carta dirigida a sus papás decía:
La experiencia de la prisión me puso a prueba para que me comprometa a amar al pueblo congolés y a dar testimonio de fraternidad y de caridad cristiana.
En la colina de Mwemezi los misioneros ya no vivían en seguridad, los habitantes habían huido hacia los bordes del lago Tanganica. Los xaverianos recibieron un terreno pantanoso a unos metros del lago, el hermano Faccin de inmediato se puso a trabajar. El 23 de mayo de 1963, Monseñor Catarzi puso la primera piedra de la nueva iglesia de Baraka que estaba casi terminada en noviembre de 1964, poco antes de la muerte de los xaverianos.
Fue en el mes de abril de 1964 que los xaverianos dejaron definitivamente la colina de Mwemezi para instalarse en medio de la población. En espera de terminar la construcción de la casa de los padres, fueron hospedados en casa del señor Albert Kilemba.
Anicet Kilemba, hijo de Sifa Bintikili guardó algunos recuerdos de los misioneros que dormían en su casa y que los considera unos verdaderos mártires. El 16 de noviembre de 2016, Françoise, esposa de Anicet, nos mostró una taza de café bien conservada y que evoca toda una historia de estos mártires.
El 28 de noviembre de 1964, como a las 2 de la tarde, el coronel Abedi Masanga llegó a la misión, junto con otros mulelistas, mata primero al hermano Faccin quien había salido a recibirlos y a tratar de calmar su ira. El padre Carrara, que confesaba en la iglesia, salió en cuanto escuchó los disparos, también él fue asesinado al lado del hermano.




