El cáncer es una de las enfermedades que va cegando vidas cada día. Los casos de diversos tipos (Tiroides, mama, garganta, estómago, páncreas, hígado, próstata, etc.) de cáncer en la sociedad van en aumento. La enfermedad no distingue edades, es decir, no se presenta solamente en un determinado grupo de personas con características especiales. Los tratamientos médicos para afrontar la enfermedad presentan un gran desarrollo en técnicas y herramientas que permiten brindar una mejor calidad de vida a los pacientes oncológicos.
Baider (2003) El impacto de una enfermedad como el cáncer alcanza abismos profundos en los contextos ecológicos, sociales y culturales de la dinámica familiar. La identidad social de la familia y del paciente es afectada profundamente por el cáncer en los dominios de su funcionamiento psicológico, instrumental y social. Miembros familiares cercanos al paciente, con el que existe un enlace de cuidado y de ayuda mutua, se hacen parte integral en la larga trayectoria de la enfermedad; esta afecta a cada miembro de la familia emocionalmente, cognitivamente y en su conducta en la rutina cotidiana, en los planes para el futuro, significado sobre uno mismo, sobre los demás e incluso al sentido de la vida. (p.15)
Es posible darnos cuenta de que los pacientes oncológicos se enfrentan a diversos frentes de batalla, no solo físicos, por lo que deben de ser ayudados en diferentes planos de su vida cotidiana. Cuando tenemos el diagnóstico, nuestra mente comienza a tener un descontrol con muchos pensamientos que, si los descuidamos, nos llevarán a una depresión severa. Entre las ideas que nos pueden surgir, si somos creyentes, es el pensar que es una prueba de Dios o que Él, nos la envía como castigo por algunas de nuestras acciones. El mismo impacto de la noticia hace que nuestra mente inicie un proceso de desorden emocional y cognitivo, lo que pone en peligro nuestro sentido de vida.
Cuándo yo recibí la noticia de que presentaba una micrometástasis en las glándulas linfáticas, mi mente quiso comenzar a jugar conmigo, desde llevarme a relacionar mi caso con los de mi madre, hermanas y tías que han perdido la vida a causa de dicha enfermedad hasta pensar que ya era momento de partir de este mundo. Mi gran temor era salir del hospital, comenzar a dormir en mi comunidad religiosa y cada vez que me acostara hacerlo con la idea de que es un sueño, para despertar al día siguiente y darme cuenta de que es una realidad. El ser diagnosticado con cáncer puede tener un impacto muy fuerte en nuestra vida de fe y espiritual, ya sea de manera positiva o negativa. En algunos casos nos permite acercarnos de manera profunda a nuestro creador y maximizar la relación con Él o provocar un verdadero alejamiento, combinado con rencor y odio hacia Dios.
Como paciente oncológico, puedo decir que existe una línea delgada que divide lo positivo o negativo de nuestra vida espiritual. Confías en Dios y le permites actuar en tu vida o le guardas rencor, odio, lo acusamos de ser el causante de nuestra enfermedad e incluso de castigarnos con el padecimiento. La FE es el ingrediente especial para poder afrontar la enfermedad oncológica, ella nos permitirá evitar cruzar al lado negativo de nuestra espiritualidad. Lo primero que tuve que hacer es pedirle a Dios, que me permitiera vivir mi realidad (consciente de tener cáncer) y no querer escapar de ella, eso no sirve de nada, al final ahí estará presente. Ahora bien, el tener conciencia de que la enfermedad ni me fue enviada por Dios, ni es castigo alguno, es un camino para reforzar la amistad y confianza en Él.
Ciertamente, es posible escuchar frases como: “Dios le da las batallas más duras a sus mejores guerreros, es la voluntad de Dios que esté enfermo, es un castigo de Dios por las cosas malas que he realizado en mi vida, etc.”. Dios no necesita ponernos a prueba, Él nos ama como somos, prueba tenemos en la parábola del Padre Misericordioso (hijo pródigo), al volver a casa, no se le puso a prueba al hijo menor, sino que fue recibido con un abrazo de amor y una gran fiesta. Las enfermedades son consecuencia del uso desmedido o excesivo de nuestra libertad. Se nos advierte que consumir ciertos alimentos, drogas (legales e ilegales), cierto estilo de vida, nos llevará a abrir la puerta a diversas enfermedades, pero en su momento ignoramos y continuamos haciendo todo en nombre de nuestra libertad.
A Dios, no le gusta vernos enfermos, en problemas o en diversos males. ¿Por qué lo permite entonces? Para poder entender la pregunta, Álvarez (2018), nos dice que Jesús, por lo tanto, enseñó claramente que Dios no quiere, ni manda, ni permite las enfermedades. Tampoco provoca la muerte, ni los accidentes, ni los fenómenos de la naturaleza en los que tantos seres humanos pierden la vida. Dijo que de Dios procede solo lo bueno que hay en la vida, porque Dios ama profundamente al hombre y no puede enviarle nada que lo haga sufrir (Jn 3,16-17). Es decir, Jesús no explicó de dónde vienen las desgracias, pero sí explicó de dónde no vienen: de Dios. No aclaró quién las provoca, pero sí contó quién no las provoca: Dios. (p. 12)
El uso excesivo de nuestra libertad nos lleva a afrontarnos a las consecuencias de nuestros actos y acciones, pero consecuencias que no son puestas por Dios, sino a las mismas reacciones naturales de nuestra condición humana. Como pacientes oncológicos, el entender que Dios, ni nos manda la enfermedad ni nos castiga con ella, nos permite comenzar una verdadera relación de Padre e hijos. Si Dios nos ama, ¿por qué no nos cura? Nos volvemos a encontrar con la categoría de la libertad o libre albedrío; dicha categoría es respetada por Dios, es decir, ante una enfermedad, Él respeta a su hijo y le deja la decisión de permitirle o no intervenir en su vida. Dios nunca actúa de manera autoritaria en nuestra vida, deja libertad en nosotros para decidir si le permitimos estar caminando con nosotros en el proceso del cáncer (cualquier otra enfermedad o problema). Como religioso, al salir del hospital, me dirigí a la capilla de mi comunidad, en la cual lloré por un buen rato ante el sagrario, le dije a Dios: “no solo te permito entrar en mi vida, te pido que seas mi vida, que camines conmigo porque solo no podré superar la enfermedad”.
A partir de la experiencia de abandono en Dios, mi vida se ha modificado para bien, pero para lograr esto es necesario entender que Dios no está feliz con nuestra enfermedad y que está ahí para ayudarnos, pero necesitamos en nuestra libertad permitirle entrar a nuestra vida. El permitirle entrar en nuestra vida es confiar que Dios actúa por medio de nuestros médicos, quienes buscan el mejor de los tratamientos para mejorar nuestra calidad de vida. Si modificamos nuestra vida espiritual, nos permite mantener nuestro estado emocional y cognitivo en óptimas condiciones, ya así, mantener nuestro sistema inmunológico en niveles medicamente idóneos.
Si tienes cáncer, deja que Dios actúe en ti. Recuerda que Él, no te está poniendo a prueba, no te está castigando y no es su voluntad el que estés enfermo, pero necesita que escojas libremente el permitirle actuar en tu vida. Cambia tu estilo de vida espiritual, al abrir tus ojos agradece a Dios por el nuevo día que te ha brindado, haz tu oración matutina, platica íntimamente con Él (como un hijo platicaría con su Padre), práctica la meditación, confía en que Dios va caminando contigo, al acostarte agradece a Dios por lo concedido, abandónate en sus manos para tener un buen descanso. El confiar en que Dios está actuando en tu vida quiere decir que debemos de confiar en nuestro equipo médico, pues Dios hace su trabajo por medio de ellos. “No le tengas miedo a la enfermedad”, mientras más miedo le tenemos, más se apropia de nuestra vida, mejor deja todo en manos de Dios. “No te preocupes en cuanto nos queda de vida”, mejor junto con Dios, disfruta de la vida, por más que nos duela, por más debilidad que sintamos, sonríe, convive, bromea, y deja de pensar en el tiempo de vida; Dios es un Dios de vida y no de muerte, Él quiere que vivamos.
Te recomiendo un libro que ha cambiado mi vida y que me hace ver a Dios de otra manera, del autor Ariel Álvarez Valdés, ¿Por qué Dios permite los males y la muerte? Y otras 19 preguntas más sobre la Biblia, de editorial Verbo Divino. El leer, escuchar música, cantar y convivir nos permite mantenernos alejados de las ideas que nos pueden orillar a la depresión. Al cáncer no solo se le gana eliminándolo de nuestro cuerpo, sino también demostrándole que no ha logrado que dejemos de disfrutar la vida y nuestra esencia de ser hijos amados de Dios.
ÁLVAREZ, A. (2018), ¿Por qué Dios permite los males y la muerte? Y otras 19 preguntas más sobre la Biblia, Verbo Divino, Estella.
Baider, L., (2003). Cáncer y familia: aspectos teóricos y terapéuticos. Revista Internacional de Psicología Clínica y de la Salud, 3 (3), 505-520. Retomado al 20 de septiembre de 2014, de: https://www.redalyc.org/pdf/337/33730306.pdf




