Conforti fue un hombre que supo escuchar la voz de Dios para trabajar por el proyecto de Jesús, “que todos seamos uno como Tú, Padre, y Yo somos uno” (Jn 17, 21), quien nos mandó construir este Sueño por medio del amor fraterno: “ámense unos a otros como yo los he amado” (Jn 13, 34). San Guido hace suyo este plan de salvación fundando el Instituto de los Misioneros Xaverianos, pues para él el misionero es la “personificación más hermosa y sublime de cualquier ideal” que, además de extender el Reino de Dios, predica la verdadera fraternidad universal para “hacer del mundo una sola familia en Cristo” (PdP, 1991, 160).
Recomienda para este propósito el respeto y el amor mutuo, así como la corrección y la caridad fraterna. El 4 de mayo de 1921, en una conferencia a los novicios les decía “ámense como hermanos y respétense como príncipes”. Ermanno Zulian nos cuenta en su libro que, para fomentar el espíritu de familia, Conforti se la pasaba repitiéndoles esta misma frase recomendándoles vivirla y dándoles el buen ejemplo (Ferraro, 1974, 98). Podemos entender este concepto de “príncipe” no como un miembro de la aristocracia, prestigioso y de sangre noble, sino como aquel que es lo más importante, lo principal, lo primero, como el lugar primordial donde manifestamos el amor y el respeto que le tenemos a Dios: el prójimo.
San Guido nos dice que la clave para vivir la fraternidad es el Amor como: “la contraseña que contiene todo el programa práctico de nuestra vida cristiana” (PdP, 1991, 70). Esto lo comprendió en la contemplación del crucifijo que le comunicaba el modo más sublime de amar “yo lo miraba y Él me miraba a mí y parecía decirme tantas cosas” (Ferraro, 1974, 21). Por ello nuestro Instituto Misionero no es una mera estructura organizacional para salir a la misión sino una gran familia religiosa donde compartimos todo: fe, trabajo apostólico, esperanzas, alegrías, preocupaciones, bienes espirituales y materiales (C 35).
Hoy que emito mi profesión perpetua para responder al amor de Dios, comprometiéndome para siempre a través de la consagración religiosa en la familia xaveriana, agradezco y reconozco que uno de los regalos que le debo a San Guido es precisamente el “espíritu de familia”, que nos hace reconocer que somos hijos de un mismo Papá que es Dios y al mismo tiempo de un papá que es Conforti, quien nos ha reunido en una familia misionera como nuestra “madre” para ayudarnos a vivir como hermanos (CT 10).
Gracias San Guido por esta Familia y por haber dicho SI al proyecto que Dios te encomendó. Ruega por nosotros, por la Iglesia y por toda la humanidad para que seamos uno en Cristo.
Bibliografía:
Ferraro, J. (1974). La gloria de Casalora. EDIXA, México.
Palabra del Padre, Exhortaciones y pensamientos de Mons. G. M. Conforti a sus hijos. Traductor José de Jesús López López. Compilador P. Tiberio M. Munari. EDIXA, México, 1991.
C – Constituciones Xaverianas
CT – Carta Testamento





