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P. Rafael Aguilar Flores sx

Con la fuerza del Espíritu

En este primer domingo de cuaresma, el signo del desierto nos puede ayudar a nuestra reflexión personal. En el Antiguo Testamento la palabra que hace referencia a este concepto es מִדְבַּר (midbar) que significa "pastar ovejas". Sin embargo, la palabra usada en el evangelio de Lucas de este domingo (Cf. Lc 4, 1) es el griego ἔρημος (éremos) que quiere decir “solitario, aislado”. Lo que nos invita a interpretar este lugar como un momento especial en el que Jesús se retiraba a menudo, pues los 40 días pueden también referirse a toda su vida terrena.

En efecto, las tres tentaciones narradas en el evangelio (Cf. Lc 4, 1-13), son tan humanas y tan comunes incluso para nosotros. Sin lugar a dudas Jesús, verdadero hombre, tuvo que enfrentar también el deseo egoísta del placer, el poder, la fama y el reclamo dudoso al amor de Dios cuando las injusticias de la vida parecen no tener sentido.

La cizaña que ataca su conciencia señala “si eres el Hijo de Dios” inmediatamente poniendo en duda su relación filial con Dios Papá. Convertir la piedra en pan simboliza ese deseo materialista de hacer siempre nuestra voluntad cuando nos plazca. Adorar el poder y la gloria en lugar de adorar a Dios sólo nos lleva a la perdición, a enfermarnos de poder y ambición y nunca lograr llenar el vacío que deja el alejarnos de Dios. Finalmente, al poner en entre dicho el amor de Dios, tentándolo usando sus propias palabras al cumplimiento de su promesa de que nos cuidará pase lo que pase, nos ponemos en actitud de jueces que reprochan y reclaman una obligación que en realidad es el don más grande, pues Dios nos ama gratuita y desmedidamente.

La única certeza que tuvo Jesús y el arma más poderosa para vencer las tentaciones, fue la fortaleza que le vino del Espíritu Santo, el Espíritu de Dios que lo empujó a meditar y le permitió sentirse siempre acompañado por el Padre aún en los momentos más difíciles de su vida.

Que en este tiempo de cuaresma, a ejemplo de Jesús, podamos experimentar también ese Espíritu que nos lleve a vencer las tentaciones que no nos dejan ser libres, para vivir felices con nosotros mismos y con los demás. Que busquemos ese lugar y ese momento especial para profundizar en nuestra vida identificando aquello en lo que debemos mejorar, y con la fuerza del Espíritu seguir creciendo en humanidad asemejándonos más a Dios en la capacidad de amar y perdonar como Él.

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