Es increíble imaginar como Cristo mantiene en la unidad a personas de todas las razas, de todas las culturas, de todas las edades, condiciones socioeconómicas, etc.; A través de todos los tiempos en una sola fe y una sola familia. Por una parte, hay quienes simplifican ese pensamiento diciendo que Dios, siendo todo poderoso, todo lo que quiere lo hace, pero por otra parte estamos quienes pensamos en la Iglesia como verdadero cuerpo y comunidad de y en Cristo en donde todos tenemos grandes bendiciones y capacidades de colaboración, pero también diferentes tipos de servicios, responsabilidades y obligaciones para contribuir al crecimiento y fortalecimiento de ese cuerpo, cuya cabeza es el mismo Cristo, Dios nuestro. Esta ultima es la visión de nuestra iglesia católica que nos unifica a todos en un sólo bautismo, una sóla fe y un sólo Señor.
Fue en esta perspectiva que el pasado domingo 18 de agosto del año en curso, se vivió, dentro de un gran ambiente de oración, alegría, compromiso, euforia y convivencia, en nuestra misión de Santa Cruz en la Huasteca hidalguense, la toma de posesión de la parroquia de manos de Don José Iraís Beltrán, obispo de Huejutla. Dicha parroquia fue nuevamente encomendada a la familia xaveriana representada por el padre Horacio Pérez Padilla sx como nuevo párroco. En realidad el acontecimiento empezó temprano con la convocación y retiro de formación de los y las catequistas de las 33 comunidades que conforman esta misión. Con dicho retiro se dio inicio a un nuevo siclo de las actividades de evangelización en la zona bajo la inspiración de la figura del “sembrador” por excelencia que es Cristo en quien, por imitación, todos ellos se comprometieron a llevar la semilla de la palabra de Dios a sus respectivas comunidades.
Ya hacia mediodía, el templo parroquial y sus inmediaciones se llenó de un gran colorido entre los vestuarios tradicionales propios de esta zona y la diversidad de flores que feligreses venidos de diferentes comunidades de la parroquia trajeron como ofrendas mostrando así su alegría y comunión. Durante la celebración, el Sr obispo agradeció la entrega y el empeño que muchos padres xaverianos han dejado en esta zona con su infatigable esfuerzo a lo largo de mas de 40 años dignificando así la zona y sus habitantes con acciones pastorales y humanitarias. Una vez, tocadas las campanas, le fueron entregadas, públicamente, al padre Horacio, las llaves de la parroquia y del sagrario para que oficialmente, y a nombre de la Iglesia de Jesucristo, dispense la gracia de la misericordia y la caridad de Dios a quienes lo buscan con sincero corazón, con la ayuda de sus dos nuevos vicarios: el P. Jesús Romero Vera y el P José Luis Vega López también presentes en dicha asamblea y recientemente llegados a la zona. Hacia el término de la celebración, que se desarrollo con una gran carga de signos de la cultura náhuatl, remarcablemente sus cantos y oraciones, así como algunos gestos litúrgicos bien inculturados, el P. Horacio agradeció a la asamblea en general sus gestos de hospitalidad y entrega y los exhortó a trabajar, junto a él, en la construcción del Reino de Dios con pie firme y marcha decisiva. Así mismo, pidió a Don José Iraís, que de forma especial concediera su bendición apostólica sobre sus catequistas mientras la feligresía aprobaba la petición con un fuerte aplauso.
La jornada festiva concluyo con una gran convivencia en donde aparte de los alimentos se compartieron el entusiasmo y las risas teniendo como fondo la tradicional música de huapangos. A esta convivencia también estuvieron invitadas las autoridades civiles con quienes la parroquia colabora para beneficio de las comunidades.
Es claro que el proyecto de unidad en una sóla familia es de Dios, pero él nos da la libertad y es en el ejercicio de esta última, que cada uno de nosotros debemos hacer empatar nuestra voluntad y nuestra acción con la de él y eso se hace en la participación como Iglesia, donde cada uno es como un pequeño ladrillo único e insustituible y parte importante de la estructura completa. Esta realidad hace de nosotros miembros de una comunidad parroquial, de una iglesia diocesana e hijos de un sólo Dios.




