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29 Junio 2024
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La Palabra

XIII Domingo del Tiempo Ordinario - Ciclo B
P. Rubén A. Macias Sapién sx

“No temas, basta que tengas fe”

Mc 5, 21-43

“No temas, basta que tengas fe”, esta es la afirmación central que tocó mi corazón al escuchar esta página del evangelio y que les invito a reflexionar, hermanos y hermanas.

Nuestra fe está centrada en un Dios vivo y que quiere la vida; un Dios que hace todo para que podamos tener vida y vida en abundancia. Como escuchamos en la primera lectura (Sab 1,13-15; 2, 23-24), “Dios no hizo la muerte, ni se recrea en la destrucción de los vivientes”. Al contrario, es un Dios que nos quiere junto a sí para siempre; para que nuestro gozo sea pleno. Creados a su imagen y semejanza (primera lectura), estamos llamados a la vida plena, ya desde ahora y a la vida eterna. Y por ello, Dios se compromete con nosotros y por nosotros.

Esto parecería una ilusión, sobre todo cuando nos golpean situaciones tan difíciles y dramáticas, como las presentadas hoy por el evangelio de Marcos (Mc 5,21-43). Tanto la realidad de esta mujer enferma, desahuciada, habiéndolo gastado todo; como el dolor de este padre, Jairo, ante la muerte de su hija; dos experiencias humanas tan dolorosas y perturbadoras: la enfermedad y la muerte. Dos experiencias que todos nosotros ciertamente hemos vivido en algún momento de nuestra vida.

¿Qué hacer ante estas realidades? ¿Con qué actitud enfrentar estas realidades? Jesús nos invita a tener fe; cuando parece que ya lo perdimos todo, cuando ya “gastamos toda nuestra fortuna”, cuando todos te dicen deja, ¿para qué sigues molestando al maestro?, Jesús nos dice: “No temas, basta que tengas fe”.

La primera invitación es “acercarnos a Jesús”, como lo hizo esta mujer, “dejar la sinagoga” y “echarse a los pies de Jesús”, como lo hizo Jairo. Acercarnos a Jesús, osar tocarlo, osar presentarle nuestros problemas, pero movidos por la fe, que no significa buscar soluciones mágicas, sino comprensión, consuelo y compromiso de la parte de Dios ante nuestra pena, porque él quiere que le compartamos nuestras penas, él vino para cargar con nosotros nuestros dolores. Me gustó mucho una frase del Papa Francisco en una homilía, en julio del 2017, que decía: “Él (Jesús) nos espera, nos espera siempre, no para resolvernos mágicamente los problemas, sino para fortalecernos en nuestros problemas. Jesús no nos quita los pesos de la vida, sino la angustia del corazón; no nos quita la cruz, sino que la lleva con nosotros. Y, con Él, todo peso se vuelve ligero, porque Él es el descanso que buscamos. Cuando en la vida entra Jesús, llega la paz, aquella que permanece aún en las pruebas, en los sufrimientos. Vayamos a Jesús, démosle nuestro tiempo, encontrémoslo cada día en la oración, en un diálogo confiado y personal; familiaricemos con su Palabra, redescubramos sin miedo su perdón, saciémonos con su Pan de vida: nos sentiremos amados y nos sentiremos consolados por Él”.

La segunda invitación es a vencer todo fatalismo, todo pesimismo. Es muy fácil dejarnos llevar por los “propagandistas de la muerte”, que, como en el caso de Jairo, nos quieren hacer creer que la vida no tiene solución. “Las cosas son lo que son y nada se consigue con luchar contra la realidad”, suelen decir. Piensan que se molesta al maestro pidiéndole la vida donde no hay más que muerte, como diciendo que ni Dios tiene poder sobre la muerte. Estas personas parecen olvidar que Cristo “ha venido para que tengan vida y vida abundante”. Jesús, ante situaciones extremas como esta, no se desalienta: “No temas, basta que tengas fe”. La fe es apertura a la acción de Dios, siempre imprevisible, siempre incontrolable y siempre desafiante, pero también, siempre, y, sobre todo, acción salvífica, acción a favor del hombre, de su libertad, de su crecimiento, de su vida.

Es lo que le pasa a Jairo, los anunciadores de la muerte llegan y lo quieren alejar del maestro; pero Jesús lo invita a no desplomarse en ese momento, a confiar en el poder de Dios, a creer que hay un sentido velado, pero real en todo lo que el hombre vive de frente a su salvador. Para quien cree, y es el caso de Jairo, la muerte es un sueño del que se puede despertar. Esta es la convicción de todo cristiano, teniendo fe en Jesucristo, incluso la muerte recupera un sentido.

El Señor hoy nos invita a creer, tener fe y enfrentar nuestra vida desde la fe, incluso aunque ello implique el rechazo de los demás, implique la risa de los demás. “No temas, basta que tengas fe”, aun si se ríen de ti porque no aceptas el soborno, la corrupción, porque eres coherente con tu fe; aun si te tachan de anticuado, conservador o retrógrada porque te mantienes fiel a los principios de tu fe y defiendes la familia, la fidelidad conyugal, la honestidad y la justicia. Aunque se rían de ti porque esperas una vida eterna. Ante todo, ello, «¡Óyeme, levántate!, tu fe te ha salvado».

Hoy, en esta Eucaristía, cuando extiendas tu mano para recibirle, recuerda, date cuenta: ¡tocarás al Señor¡, no solo el borde de su manto, como la mujer del evangelio. Si no a él en persona. ¿Entonces? ¡Ánimo, tu fe te ha curado! Escucha, pues, su palabra, fortifica tu fe y vive de ella: ¡Talitá Kum! “Levántate, vete en paz, tu fe te ha salvado”

P. Rubèn Antonio Macias Sapién sx

Misionero Xaveriano

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