
El servicio, camino de opción por Cristo
Las lecturas del día de hoy nos invitan de nuevo a ver como Dios sigue llamando a cada uno de nosotros, sus hijos, para integrarnos en SU proyecto de amor, dándonos pautas para un verdadero y fructífero seguimiento de su Hijo, Jesucristo. El domingo pasado se nos pedía asumir el amor como principio y regla de vida, buscando amar a Dios “con todo el corazón, con toda el alma y con todas nuestras fuerzas” pero haciéndolo real y concreto en el amor al prójimo. Concluíamos que solamente a través del amor concreto, desinteresado y verdadero al hermano podemos amar de manera total a Dios.
Hoy la palabra de Dios nos muestra uno de esos caminos concretos para vivir este amor, y ese camino es el del servicio vivido con toda humildad: “Que el mayor entre ustedes sea su servidor, porque el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido”, dice Jesús en el evangelio (Mt 23, 1-12). Jesús señala tres principios o fundamentos sobre los cuales todo cristiano construye una vida de servicio, de mansedumbre y de humildad; ellos son: en primer lugar, la fraternidad recibida en Cristo: “No dejen que los llamen maestros, porque no tienen más que un maestro y todos ustedes son hermanos”; la fraternidad es una consecuencia del trato con Jesús, reconocido como nuestro maestro; su enseñanza no es otra que la del amor mutuo y la manera de aplicarlo concretamente es el servicio, la solidaridad, la atención al otro. Un segundo principio es aquel de la Paternidad de Dios y nuestra gozosa filiación: “A ningún hombre sobre la tierra lo llamen padre, porque el Padre de ustedes es solo el Padre Celestial”. Nuestra conciencia de ser hijos de un Dios amoroso, compasivo, siempre generoso con sus hijos nos debe llevar nuevamente a esa actitud de servicio y entrega. Finalmente, nuestra identidad de discípulos misioneros, seguidores de Cristo crucificado nos lleva a servir hasta dar la vida, hasta aceptar humillaciones y sufrimiento por su causa: “no se dejen llamar guías, porque el guía de ustedes es solamente Cristo”.
Con base en esos tres principios, Jesús nos pide, pues, ser servidores de los demás; incluso asumiendo esa actitud de humildad, no como algo impuesta “ser humillado”, sino como opción para poder servir a ejemplo de Cristo: “que el mayor entre ustedes SEA su servidor; porque el que se enaltece será humillado y el que SE humilla será enaltecido”. Los verbos usados son verbos reflexivos; Jesús pide optar por la humildad ante los demás, “el que se humilla”, es una opción, una acción querida y asumida; el discípulo es capaz de hacerlo porque se sabe hijo de Dios Padre, hermano de los demás y discípulo de Cristo en el camino de la vida.
Además de esta invitación dirigida a nosotros, sus discípulos, Jesús nos invita a rechazar toda actitud contraria a este principio de vida llamado servicio; señala esas “tentaciones” que nos alejan de una vida de servicio y de amor al prójimo; ellas son la incoherencia e hipocresía. Señalando a los fariseos y maestros de la Ley que “dicen una cosa y hacen otra”; en sus vidas hay una profunda división entre lo que enseñan y lo que practican, entre lo que pretenden de los demás y lo que se exigen a sí mismos. Además, «quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, que se les salude en las plazas» (v. 6-7). Esta es la tentación que corresponde a la soberbia humana y que no siempre es fácil de vencer. Es la actitud de vivir solo por la apariencia.
Hay que rechazar todo privilegio, ya que la comunidad cristiana debe entenderse como una fraternidad, donde la misión y el servicio de cada uno debe ser puesto en referencia con Jesús y con su Padre; somos hijos de Dios, discípulos de Cristo, hermanos entre todos, razón suficiente para hacer del servicio hecho con humildad una de nuestras virtudes ordinarias de vida cristiana.
Asumamos, estimados hermanos y hermanas, el servicio como testimonio concreto para integrarnos de manera positiva y activa en la construcción del Reino de Dios hoy. Como nos decía el papa Francisco, citando a su homónimo de Asís: «Predicad siempre el Evangelio y, si fuera necesario, también con las palabras. No hay testimonio sin una vida coherente. Hoy no se necesitan tantos maestros, sino testigos valientes, convencidos y convincentes, testigos que no se avergüencen del nombre de Cristo y de su Cruz ni ante leones rugientes ni ante las potencias de este mundo». (Homilía de S.S. Francisco, 29 de junio de 2015).
P. Rubén Antonio Macias Sapien sx
Misionero Xaveriano

