¡Cuánta falta nos hacen estas palabras de Jesús! Necesitamos tranquilidad, necesitamos alejar de nuestras vidas todo temor para vivir y trabajar en paz. Hay muchas tormentas en nuestras vidas y también hay muchas cosas que nos atormentan.
Ante las situaciones difíciles de la vida nos preguntamos ¿dónde está Dios? ¿Por qué no se manifiesta visiblemente?
La primera lectura (1Re 19, 9ª.11-13ª) y el Evangelio (Mt 14, 22.33) nos dicen que Dios se manifiesta como a él le da la gana, sobre todo en modos humanamente ilógicos, en el silencio, caminando sobre las aguas. Esto no es un simple capricho de Dios, sino que nos demuestra que él es dueño de la naturaleza y del tiempo, él domina toda la creación, está por encima de nuestra inteligencia.
De esta manera nos invita a que confiemos en él, porque él lo puede todo y no dejará que nos hundamos en nuestros problemas, nos tiende la mano como a Pedro. Lo que realmente nos lleva a ahogarnos en un vaso de agua son nuestras dudas, nuestra falta de fe en Dios.
En pocas palabras, hoy el Señor nos invita a no confiar en nosotros mismos, a no creer que todo depende de nosotros, sino a reconocer humildemente que quien lleva las riendas de nuestra vida es él, y que él siempre está presente en nuestros buenos momentos como en nuestros fracasos, su mano siempre está tendida hacia nosotros.
Hagamos nuestra la confesión de fe de los apóstoles: “verdaderamente Tú eres el Hijo de Dios” y continuemos nuestra vida de la mano de Dios.
Sigamos meditando la Palabra de Dios durante esta semana:
1Re 19, 9ª.1-13ª
Salmo 84
Rm 9, 1-5
Mt 14, 22-33