El domingo de Resurrección o Domingo de Pascua, es la fiesta más grande en la Iglesia Católica. Nuestro Dios ha vencido a la muerte, el mal ha sido aniquilado. Con la resurrección de Cristo Dios nos dice que la muerte y el pecado no tienen la última palabra sobre el ser humano.
La Cruz de Cristo es el medio para cruzar de esta vida a la vida eterna, sin cruz, no se llega, no se alcanza la resurrección.
Lo que hemos vivido en estos días santos no pueden pasar sin dejar algo en cada uno de nosotros, Dios nos sigue amando, de nosotros depende que esta alegría pascual dé más frutos. Como los Apóstoles, debemos anunciar la Resurrección del Señor, para que el mundo lo conozca y lo ame, convirtámonos pues en embajadores de Cristo en el mundo, no sólo en nuestros lugares de origen, porque la Pascua es universal. Proclamemos la resurrección de Cristo cuando su luz ilumina los momentos más oscuros de nuestra vida. La Pascua es algo muy importante, tomémoslo como una segunda oportunidad que Dios nos da para ser mejores cristianos.
San Pablo nos recuerda que, si hemos resucitado con Cristo por el Bautismo, debemos de vivir la nueva vida en espera de su regreso y tenemos el compromiso de llevar por el mundo su Evangelio. Ahora pues debemos buscar los bienes de arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios. Pongamos el corazón en los bienes del cielo, no en los de la tierra, porque hemos muerto y nuestra vida ahora está escondida con Cristo en Dios (Cf Col 3,1-4).
¡Felices Pascuas a todos y a todas!
Yesu amefufuka
Cristo è risorto
Christ est Ressuscité
Toteco moyolcuic
Christ is Risen
Cristo ha resucitado
¡Aleluya! ¡Aleluya!