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7 Enero 2023
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La Palabra

Epifanía del Señor
P. Rubén Antonio Macías Sapién

“Vimos surgir su estrella y hemos venido a adorarlo”

Mt 2,1-12

Queridos hermanos y hermanas, la liturgia de hoy nos invita a vivir de nuevo la Navidad, hoy desde la perspectiva
del Dios que se manifiesta, eso significa “EPIFANÍA”. El 25 de diciembre celebramos la Encarnación del Hijo de
Dios, hoy celebramos su manifestación como salvador de todos los pueblos. Me da gusto que la liturgia nos invite
a celebrarla hoy domingo y no el 6 de enero; esa fecha la hemos convertido en la fiesta de los Reyes Magos con
todo lo que comercialmente implica: regalos, rosca de reyes, fiesta, etc.
En la fiesta de hoy el protagonista nuevamente es Jesús y no lo Reyes Magos; es el hijo de Dios que nos ha nacido
y se manifiesta a todos los pueblos, es una fiesta cien por ciento misionera y eso nos colma de alegría a nosotros,
Misioneros Xaverianos, a ustedes nuestros amigos que comparten el ideal de la misión que hoy Jesús viene a
despertar.
En este día de la «Epifanía del Señor» la liturgia se centra en la revelación de Dios a los que no pertenecen al
pueblo judío, a los que no son del pueblo de la Alianza. El profeta Isaías (1ª Lectura: Is 60, 1-6) dice que «los
pueblos caminarán a tu luz», san Pablo en la carta a los Efesios (2ª Lectura: Ef 3,2-3.5-6) dice que «los gentiles
son coherederos de la misma herencia, miembros del mismo cuerpo y participes de la misma promesa» y en el
Evangelio (Mt 2,1-12) son unos Magos de Oriente los que llegaron y «adoraron al niño». Todo ello nos habla de
la universalidad de la salvación: Jesús, el Mesías, ha venido para todos los pueblos.
Nos encontramos, hermanos, ante una primera lección de Dios: Él no tiene exclusividad, no permite ser
propiedad de nadie. Así lo creía el pueblo judío, desgraciadamente, como si la salvación fuera solo para ellos,
quizá hoy en día aún hay cristianos, católicos o no, que así lo creen. Que equivocados están. Dios viene a nuestro
mundo para salvar a todos los pueblos y a todas las personas. Él es la “Luz” bajo la cual caminarán todos los
pueblos, dice la primera lectura. Que importante, hermanos, que seamos conscientes de que Dios ha elegido a
«todos», que ha nacido para ser luz para todos los pueblos, que su salvación es universal; tomar consciencia de
ello nos ayuda a plantearnos el modo correcto para vivir y testimoniar nuestra fe, desde la apertura, desde el
compromiso, desde la misión. Considerar a Jesús como Salvador del mundo condiciona nuestro modo de vivir la
fe. En la última Carta que nos ha escrito el Papa Francisco, “Fratelli tutti”, nos explica de mil maneras las
consecuencias de esta fe puesta en el niño del pesebre, salvador de todos, solo en la conciencia de ser todos
hijos de un mismo Padre podremos fundar la hermandad que posibilite transformar nuestro mundo. Solo desde
esta conciencia comenzaremos a destruir las fronteras, las barreras que hemos creado equivocadamente y
comenzaremos a ser sensibles ante los demás, solidarios y comprometidos ante su mayor “pobreza”, la de no
conocer a Jesús, la de no poder descubrirlo ni adorarlo.
La fiesta de hoy pues nos invita a la misión, nos abre a la misión, al adorar a ese niño que nos ha nacido, no
podemos más que comprometernos con la misión universal. Para comprender aún mejor esta fiesta en sus
repercusiones concretas en nuestra vida espiritual, podemos tomar a los personajes secundarios de la fiesta de
hoy, los magos. De ellos quisiera resaltar dos actitudes que nos preparan a la misión: a) El ser capaces de levantar
la mirada hacia lo alto, ver más allá de aquello inmediato que llena la vida (ocupaciones, pequeñas cosas de
cada día, profesión, apegos, familia,...); y ser capaces de distinguir la luz de Dios entre todas las luces que brillan…
b) El poner en su vida una buena dosis de valentía como para ponerse en camino siguiendo esa luz-estrella,
confiando en su guía, desprendiéndose de seguridades y costumbres que les atan, y abriéndose a las gentes y
pueblos que el camino les ofrece.
Los magos manifiestan esa actitud de “desasimiento”: hay que dejarlo todo para partir en búsqueda del
verdadero rey y al encontrarlo, repartir para anunciarlo. Ellos levantan la mirada hacia lo alto y se deshacen de
todo, el desasimiento que nos enseñan significa que no consideramos mas las cosas como la fuente de nuestras
vidas, como la garantía de nuestra seguridad y que, por lo tanto, no nos aferramos a ellas; que ellas no nos
poseen a nosotros, ni determinan lo que somos ni lo que anhelamos; que son solo superfluas o secundarias. Ante
ellas, libertad y libertad para ir hacia él, encontrarlo, adorarlo y anunciarlo. Segunda cosa pues, los magos
representan la aceptación de cualquier riesgo con tal de dar con Jesús. Ellos emprenden el camino y es en el
riesgo que implica el caminar que ven la luz, se alegran y la siguen.
El misionero está llamado a emprender el camino, a arriesgarlo todo con tal de dar con ese Jesús, y al encontrarlo,
adorarlo, darle el tesoro mas grande que es su vida misma para entonces ir y proclamarlo, así como lo hicieron
los magos venidos de Oriente.
“Queridos amigos, -cito a nuestro Padre General Fernando Garcia-misionero xaveriano -, el principal fruto de la
verdadera adoración a Dios es el don diario de uno mismo, poniéndose íntegramente y con gran alegría a su
servicio. Juntos, con cordialidad, generosidad y gratitud a Dios, dejémonos guiar día a día por la estrella divina,
llevando a cabo su proyecto de amor por todos nosotros: ¡Hacer del mundo una sola familia!”

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