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16 Octubre 2022
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La Palabra

XXIX Domingo ordinario “C”
P. Rubén Antonio Macías Sapién

La necesidad de orar siempre sin desfallecer

Lc 18,1-8

El tema central de la Palabra de Dios, en este domingo es sin duda el tema de la oración. La primera lectura, tomada del libro del Éxodo (17,8-13) nos ilustra, a través de la figura de Moisés que mantiene las manos alzadas hasta la puesta del sol, la importancia de la perseverancia en la oración. En la misma línea, Lucas, en su evangelio (18,1-8), nos instruye sobre la necesidad de orar con insistencia, sin desanimarse.

He aquí la particularidad de la enseñanza de hoy, la oración, si, pero hecha sin desanimarse, hecha de confianza y de perseverancia. Es muy común entre nosotros enfrentar la vida con aires de desánimo, de impotencia y fatalismo ante las realidades que vivimos. El «desánimo» es fácil que se presente cuando no obtenemos los resultados esperados, o no son proporcionales a nuestro esfuerzo, o cuando fracasamos en la búsqueda y defensa de la justicia, y comprobamos tantas veces que el mal se sale con la suya, cuando nuestras oraciones parecerían no ser atendidas... En definitiva, nos preguntamos: ¿para qué orar, para qué seguir, para qué insistir? ¿Qué sentido tiene orar si las cosas siguen igual, si nada cambia en el mundo, si Dios parece estar sordo o ser indiferente a lo que nos sucede?  ¡Cuántas veces he escuchado jóvenes plantearme estas interrogantes!

Viendo la realidad de nuestras ciudades, las condiciones de la vida actual no ayudan para nada a la consolidación de un hábito de oración constante en los cristianos: las prisas, la enorme cantidad de compromisos, los asuntos pendientes, la urgencia que implica enfrentar las dificultades económicas y, sobre todo, la superficialidad imperante en los diversos ambientes sociales en general, son obstáculos enormes para la dedicación a la oración tomada en serio y con verdadero compromiso.

Sin embargo, la enseñanza de Jesús hoy está cargada de esperanza, aún si él se vale de una figura antipática como la del juez inmoral, para ilustrar la importancia de la insistencia y de la constancia en la oración. Jesús nos cita una parábola y en ella habla de dos personajes, por un lado, un juez, cuya función debería ser el proteger a los débiles y a los indefensos, pero en vez de eso, es un insensato irresponsable, inicuo, corrupto, malvado... Él mismo, en su monólogo, reconoce que la mala fama que se ha ganado está bien justificada: “Aunque no temo a Dios, ni me importan los hombres”. Un segundo personaje es una viuda. En la Biblia, la viuda representa uno de los símbolos o prototipo de la persona indefensa (junto con el huérfano, el pobre y el inmigrante), expuesta a abusos y fraudes, que, teniendo en cuenta su condición, no puede contar con ninguna ayuda o mediación... más que al Señor. La viuda de la parábola ha sufrido una injusticia y recurre al juez para pedir su intercesión y alcanzar la esperada justicia. No pide nada extraordinario, solo que le haga justicia. Pero el juez no actúa según su deber; ante ello, a la viuda sólo le queda hacer una cosa: importunar al juez continuamente, con obstinación, a riesgo de parecer y ser una pesada.

Atención, no pensemos que el juez representa a Dios; o que Jesús quiere comparar a Dios con la actitud del juez, no, para nada, incluso el juez mismo dice que «no teme a Dios». Dios no es un juez distraído de sus obligaciones y responsabilidades, al que habría que dar la lata para que haga justicia. Dios es justo y misericordioso siempre y en todos los casos. Y él es mucho mejor que nosotros, sin duda alguna. El juez representa a todos aquellos que hacen injusticia y no cumplen con su deber. Sin embargo, Jesús presenta tal parábola porque le interesa hacer notar esa situación insostenible que afecta a la viuda puesto que, esa misma situación es la que se van a encontrar a menudo sus discípulos. De hecho, ¿No fue el propio Jesús víctima de jueces injustos?

¿Qué hacer entonces ante estas situaciones? Este es el mensaje de la parábola: orar. Dice Lucas que Jesús contó esta parábola para inculcar "la necesidad de orar siempre, sin desanimarse". El juez, aún siendo corrupto e injusto, debido a la insistencia de la mujer, actúa como debería actuar y finalmente hace justicia; la insistencia de la viuda lo obliga a decir: “le haré justicia”. Bueno, si un juez de esta “calaña” es capaz de tomar una decisión semejante, ¡cuánto más Dios, quien es justo y amoroso, sabio y poderoso como ninguno, decidirá eso mismo y mucho mas por nosotros si clamamos con insistencia!

Jesús pues nos invita a tener confianza en Dios, quien no actúa como ese juez, sino como un padre amoroso, atento, misericordioso. El Dios que Jesús nos presenta es amoroso, está atento, nos escucha y se compromete por nosotros. Jesús lo que nos pide es confiar, es mantenerse en constante diálogo con el Señor. Que Él sea nuestro criterio, nuestro apoyo y nuestra referencia para poder valorar la realidad, los acontecimientos, las personas, sin desanimarnos ni confundirnos. Y discernir así nuestros pensamientos, sentimientos, reacciones, y proyectos y opciones posibles, aún si todo parece ir mal, o si las dificultades se presentan como imposibles.

Nos pide confianza y perseverancia, orar con perseverancia, sin desánimo. Esta oración de la que habla Jesús supone no tomar ninguna decisión sin haberlo antes consultado con él. Significa no pasar página si no la pasa él. Si rompemos o prescindimos de esta relación permanente con Dios, si—para utilizar la imagen de la primera lectura—dejamos caer los brazos, inmediatamente los enemigos de la vida y de la libertad saldrán ganando. Enemigos que se llaman pasión, impulsos incontrolados, reacciones instintivas, intereses de quien sea, presión del ambiente... Ya lo advirtió Jesús en vísperas de su pasión: «Velad y orad para no caer en tentación».

Sin esta confianza nuestra vida está condenada a la desesperación, a la impotencia, a la angustia. Pero al contrario, cuando nuestra vida está fundada en la fe en Dios, aún en las dificultades, como la viuda de la Parábola, saldremos victoriosos. Oren pues sin desanimarse; Dios está siempre presente en nuestras vidas.

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