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31 Julio 2022
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La Palabra

XVIII Domingo ordinario “C”
P. Rubén Antonio Macías Sapién

“Busquen los bienes de arriba…”, uno de ellos: LA PAZ

Lc 12, 13-21

Las tres lecturas de hoy, desde distintos ángulos, nos proponen un tema por demás actual, es una especie de advertencia para saber manejar, como creyentes y seguidores de Jesús, los bienes materiales, el dinero en concreto, cuyo uso fácilmente acaba haciéndonos caer en la codicia.  Hoy, Jesús nos sitúa cara a cara con aquello que es fundamental para nuestra vida cristiana, para nuestra relación con Dios y con los demás: “el ser rico de lo que vale ante Dios” (Evangelio: Lc 12, 13-21). Trabajar y buscar aquello que verdaderamente me hace feliz. Aquello que es en verdad un bien. Es decir, llenar nuestras manos y nuestro corazón con todo tipo de bienes sobrenaturales, espirituales, de gracia, y no solo de cosas materiales. Hablando de nuestro México, uno de esos dones que mas nos hace falta es: LA PAZ.

Recordemos hermanos y hermanas que Dios ha creado un mundo bello, donde hay muchos recursos para que podamos ser felices el tiempo que nos toque pasar aquí. De hecho, Dios al terminar la creación, dijo satisfecho: «Todo es bueno». Todo. Y nos lo entregó y encomendó para que lo cuidáramos y para que fuéramos felices con todos esos dones, entendiendo esa felicidad como algo que engloba a todo y a todos, que incluye a los demás y a la misma creación, que no es un bien individual o al servicio de unos, sino un bien para todos y para la misma creación. El peligro está pues, en nuestro modo de relacionarnos con las cosas y con las personas dejando a un lado nuestra condición de hijos de un Dios Padre, y de que somos hermanos de todos. El peligro esta en caer en la “idolatría” de los bienes que obliga a olvidar a Dios y a los hermanos, en especial los más necesitados. Los bienes materiales no son malos en sí mismos, la insistencia de la Palabra de Dios está en el mal uso de estos bienes, cuando se interponen entre nosotros, cuando nos separan, nos distancian, sobre todo, de las personas mas necesitadas, en fin, nos separan de nuestro prójimo.  

Sabemos que Jesús quiere hacer de nosotros personas plenas, libres, verdaderamente felices, ricas en humanidad, ricas en vida espiritual y vida plena. Esa es la propuesta de Jesus, llevarnos a ser verdaderamente ricos, ricos de humanidad, ricos “de lo que vale ante Dios”.

Pudiéramos comenzar pues por preguntarnos, a la luz del Evangelio de hoy: ¿Cuál es la riqueza más grande que anhela nuestro corazón? El hombre de la parábola lo tenía claro: «Descansa, come, bebe, banquetea» (Lc 12,19). Para él, como para muchos eso es la felicidad. ¿Y para ti?

Jesús sabe que los bienes materiales pueden ser buenos, útiles para vivir, pero en sí mismos no pueden saciar las ansias de plenitud de nuestra alma, y, por tanto, hay que usarlos bien, como medios que son. Pero no nos darán jamás esa felicidad plena. No caigamos en la lógica del hombre del Evangelio, llamado por Jesus “insensato”. Jesus no quiere que vivamos sometidos por la ceguera del dinero, de la avaricia, del tener.

Jesus nos propone más bien “hacernos ricos de lo que vale ante Dios” Pero, pudiéramos hacernos una segunda pregunta; ¿Qué es eso que vale ante Dios?

Leyendo la primera lectura (Eclesiastés 1, 2; 2, 21-23), que nos dice que todo es vanidad, podríamos decir que Dios nos pide el desapego a todo egoísmo, a toda búsqueda del propio bienestar, el desapego de toda cosa material. El desapego no es el rechazo. Entendámoslo bien, pues todos necesitamos de cosas para vivir.  El desapego es apostar por nuestra libertad, es no estar atados al deseo de tener cosas, ni al miedo de no tenerlas.

La parábola del evangelio nos describe al hombre que pone la propia seguridad en la acumulación de bienes. Es lo contrario del discípulo de Jesus cuya seguridad la deposita en el amor del Padre y de los hermanos. Nuestra vida no está en los bienes sino en las manos de quien los otorga; esta en las manos de quien nos propone vivir de amor, de solidaridad, de respeto, de justicia, de paz. Eso es lo que vale ante los ojos de Dios.

La propuesta de Jesus es pues la libertad, el desapego de todo para poder “buscar los bienes de arriba, donde está Cristo” (segunda lectura: Colosenses 3, 1-5. 9-11).  Jesús señala un camino y aconseja un cambio de valores que oriente nuestra vida hacia otra meta más plena. Más libre. Una meta que no será ya el tener, si no el ser.  Su propuesta es la libertad ante todo para caminar hacia eso que es verdadero, y ¿qué es lo verdadero?: San Pablo lo describe así: "es caridad, alegría, paz, comprensión de los demás, generosidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio de sí mismo." (Gal 5,26). Esos son los bienes que hacen rico a una persona.

Buscar los bienes de arriba, ser rico ante Dios, es vivir en hermandad y solidaridad, trabajar para que haya más fraternidad, desde la caridad con todos, trabajar por la justicia y, sobre todo, por la Paz. Se trata de gastar la vida amando y sirviendo a Dios en cada hermano, en resumidas cuentas, es trabajar por la paz. Solo quien busca los bienes de arriba puede ser promotor de una verdadera paz.

Concluyo recordando la invitación de nuestros obispos para orar por la paz, ese grandísimo bien de arriba que necesitamos en nuestro suelo mexicano; al concluir este mes dedicado a la oración por la paz, los obispos nos invitan a orar por “por las Instituciones Gubernamentales de nuestro País, para que se realicen mejores políticas públicas y, por la conversión de los victimarios.” Ciertamente la codicia y el mal uso de los bienes materiales se encuentra a la raíz de todos estos males y, por lo tanto, la “conversión” que pedimos en su favor no es otra que la recuperación de su conciencia de ser hijos de Dios y de hermanos de todos los mexicanos, condición indispensable para construir de nuevo un país en la paz y la justicia social.

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