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3 Julio 2022
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La Palabra

XIV domingo ordinario “C”
P. Rubén Antonio Macías Sapién

“Pónganse en camino, yo los envío…”

Lc 10,1-2.17-20

Estimados hermanos y hermanas, el domingo pasado veíamos a Jesus decididamente emprender el viaje a Jerusalén, asumiendo con valentía y fuerza su misión por la salvación del mundo entero. Afirmamos tambien que todo discípulo debía asumir, no solo el mismo camino, sino la misma determinación, aceptando todas las exigencias que el seguimiento de Jesús implica.

El evangelio de hoy (Lc 10,1-2.17-20) nos sitúa de nuevo ante un Jesús que, estando en camino, envía por delante a sus discípulos a preparar su llegada; y no solo a los doce, los más cercanos, sino, dice San Lucas, “designó a otros setenta y dos discípulos y los mandó por delante”, haciendo notar que la misión es de ‘todo el mundo’, “de todo creyente”, haciendo alusión a la universalidad del mensaje y a la universalidad de la vocación y urgencia del anuncio. Todo bautizado tiene un encargo, una tarea, una misión de Jesucristo, todos, la misión no es solo de los clérigos, religiosos o consagrados, es de todo creyente. Y misión supone «ir», «salir de» para «llegar a», moverse, cambiar de sitio. Valdría la pena preguntarnos desde el inicio de nuestro seguimiento sobre nuestra disponibilidad para la misión. Hermanos, hermanas, si mi ser cristiano, si mi relación personal y espiritual con el Señor, no me «descentra» y me lanza a los demás... quiere decir que algo no está bien, que es muy imperfecta o inmadura.

Retomemos el texto bíblico, Jesús, en el camino, aprovecha para formar a sus discípulos con enseñanzas prácticas y explicaciones sobre la disposición que debe tener un seguidor suyo, además les enseña tres elementos muy importantes que deben de tener en cuenta, es decir: el contenido que deben de anunciar, la realidad de quiénes sean los anunciadores y de cómo se debe anunciar.

El contenido del mensaje es, antes que nada, la paz y el anuncio con firmeza de que está cerca el Reino de Dios. La paz es la primera señal del Reino. Pero entendamos bien a que se refiere Jesús. La paz no es una ideología sino en estado de vida interior que se transmite, que se contagia, que se construye uniendo corazones pacificados y comprometidos por el bien común. Es por eso, que la paz de la que Cristo habla, no sería auténtica si no la acompañan valores sociales como la justicia, la solidaridad, la fraternidad. Pero nunca la lograremos en los ámbitos sociales y políticos si no la construimos antes en nuestras relaciones con las demás personas, con Dios, con uno mismo, con el entorno natural que nos rodea. Es una paz interior, fruto de la experiencia de amor de Dios que renueva y transforma y que lanza hacia el prójimo.

Ante esta misión, Jesús pide a sus setenta y dos discípulos algunas prácticas concretas en el ejercicio de la misión: antes que nada, les recuerda su identidad: deben de ser portadores de paz, de la paz de Jesús, de la Paz de Dios...  El discípulo misionero conoce cuánta paz falta en la convivencia humana, cuánta paz falta en muchísimos corazones, cuánta agresividad hay en nuestro lenguaje y actitudes. Reconciliar, tender puentes, huir de radicalismos y fanatismos he ahí una de sus mayores tareas. “Pónganse en camino” les dice Jesus, pero además les pide no llevar nada con ellos. Para se portadores de paz, necesitan ser totalmente pobres, caminar “sin morral, sin dinero, sin calzado…”; pero tambien, paradójicamente, esta pobreza que debe caracterizar a los anunciadores de la paz es signo de una extrema riqueza. En efecto, los discípulos no llevan nada consigo y, sin embargo, lo poseen todo. No carecen de nada. Son los hombres más ricos del mundo. Porque poseen el Reino, que no es otra cosa sino Jesus mismo. Poseen la fe, están plenos de esperanza. Hinchados de caridad, Rebosantes de Espíritu Santo.

En segundo lugar, les pide curar enfermos. Jesús lo sabe, lo ve en su sociedad como en toda sociedad humana. ¡Hay tantas heridas y enfermedades físicas y espirituales que necesitan atención, acompañamiento y sanación! ¡Pónganse en camino, ellos los esperan!, parece afirmar Jesús. Y no para hacer milagros o cosas extraordinarias, lo único que pide Jesus a los setenta y dos discípulos es el milagro de ser signos de que el Dios del que somos testigos es un Dios de la salud, del bienestar, interesado por el dolor de las personas.

En tercer lugar, Jesús les pide compartir la mesa. Comer y beber lo que tengan, es lo mismo que compartir la vida cotidiana, colaborar para que crezca la cercanía, el diálogo, la ayuda mutua, la comunión interpersonal, el saber estar todos a la misma altura y conformarse con lo mucho o lo poco que puedan ofrecernos. La misión se vive en la cercanía con la gente, así como él lo vivía, comiendo con publicanos y pecadores, con fariseos y jefes de los judíos. Con todos, buscando esa cercanía, porque el Reino de Dios está cerca.

Dos actitudes deben acompañar esta misión concretizada en esas tres acciones antes mencionadas. La primera: La oración, “rueguen por tanto al dueño de la mies”. Recordemos que somos misioneros, no solo por gusto, por iniciativa personal, no. La iniciativa es de Dios que ha querido contar conmigo, para que vaya «en su nombre» y hable de él y no de mí mismo o de lo que a mí se me ocurra. Somos solo obreros de una viña donde él hace la mayor parte y donde se necesitan muchos mas obreros que él llamará y formará, como lo ha hecho con nosotros. Que importante sentirnos miembros de una Iglesia, en lógica sinodal, caminando juntos, con humildad y reconociéndolo como el dueño de la mies.

Segunda actitud: Son enviados «de dos en dos». Las leyes de la época de Jesús decían que para que un testimonio fuera válido hacían falta al menos dos personas. Es decir: que van enviados como testigos. Pero también significa que el mensaje que portan es un mensaje de «comunidad» y de «comunión» y los «apóstoles» por muy capacitados que estén, si lo hacen como individuos, no tiene validez para el Reino. Bien nos lo enseñaba Papa Benedicto con estas palabras: «en la evangelización no hay solistas». Y también: "cuando no hay «comunidad» cristiana que envía, acompaña y acoge... la evangelización es estéril".

Hermanos y hermanas, hoy tambien Jesús quiere enviar “a otros setenta y dos discípulos por delante”; son tantos lugares de nuestra sociedad que Jesús quiere visitar, por eso quiere enviarnos hoy, a ti, a mí, a todos. Vayamos pues, como lo hicieron estos otros discípulos y tambien regresemos gozosos a contarle al Señor todo lo realizado; no con la intención de vanagloriarnos, sino solo para que nuestros “nombres estén escritos en el cielo”.

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