Bienaventurados… el camino de la felicidad comienza contra corriente
Estimados hermanos y hermanas, hace un par de domingos escuchábamos a Jesús proclamar el inicio de su misión, era en la sinagoga de Nazareth donde afirmaba que venía a traer una Buena Noticia a los pobres, a proclamar el año de gracia del Señor. Despues, ante el rechazo de sus paisanos se iba a orillas del lago y llamaba a sus primeros discípulos, pidiéndoles convertirse en “pescadores de hombres”.
Hoy, (Lc 6, 17. 20-26) Jesús se encuentra frente a una grande multitud, venida de cuatro lugares distintos, dos judíos (Judea y Jerusalén) y dos paganos (Tiro y Sidón), simbolizando así que el mensaje que les va a dirigir toca a la humanidad entera. El número cuatro nos recuerda la universalidad cósmica, los cuatro puntos cardinales del orbe. Ante esta multitud Jesús proclama las bienaventuranzas.
Jesús ha vivido 30 años en medio de su pueblo, Jesús ve en el corazón de las personas sus grandes anhelos y deseos. Ahora que comienza su ministerio quiere dar un mensaje por demás positivo, ilusionante, esperanzador, y no solo para los fieles judíos sino para todos. Y el punto de partida de su mensaje lo basa en ese profundo deseo de felicidad que todos llevamos dentro. Jesús se da cuenta que muchos de sus paisanos no eran felices, reconoce que su misión consiste en darle nuevamente a la humanidad aquella felicidad original, al momento de la creación, cuando Dios creo al hombre y lo puso en el llamado paraíso, cuando su mundo de relaciones estaba caracterizado por el amor y no por el egoísmo, cuando Dios y el otro formaban parte de su
finalidad última y de su razón de vivir, es decir cuando el hombre vivía de una felicidad plena.
Ante esta multitud Jesús propone las Bienaventuranzas, les propone un camino de felicidad y les invita a seguirlo. Las Bienaventuranzas, por una parte, son la meta a alcanzar para el seguidor de Jesús y por otra, la actitud para recorrer el camino para lograrlo. Pudiéramos decir, en términos modernos, las Bienaventuranzas son «como el navegador para nuestra vida cristiana». El papa Francisco define las bienaventuranzas como la “carta de identidad” del cristiano, porque describen el rostro y el estilo de vida de Jesús. Hermanos, hoy en día, como en los tiempos de Jesús, el mundo necesita de nuevo repensar sobre la felicidad; a pesar de ser una sociedad de hombres tecnológicamente avanzados, somos una sociedad donde la felicidad brilla por su ausencia. Existen indicadores que nos hablan de un «malestar», de que somos pocos felices. Nuestra civilización de la abundancia nos ha ofrecido medios de vida, pero no razones para vivir, para trabajar, luchar, gozar, sufrir y esperar. Hay poca gente feliz. Hemos aprendido muchas cosas, pero no sabemos ser felices. Los índices de suicidios son altísimos, la gente viviendo en depresión, la violencia, el enojo, el coraje, el resentimiento y tantas otras cosas llenan los corazones de millones de personas en el mundo.
Hoy pues Jesús, como en su tiempo, nos quiere presentar una propuesta por demás perturbadora y revolucionaria, sobre todo para el hombre de hoy: Bienaventurados los pobres, los que ahora lloran, los que son perseguidos… Se trata de una propuesta en total oposición con lo que se considera política y socialmente correcto. Es un camino diferente para alcanzar la felicidad. Es un proyecto de vida que tiene como eje los valores profundos del ser y del servicio, y que utiliza los bienes materiales tanto cuanto se necesiten para llevar una vida digna. Jesús pretende que todos los hombres - y de manera especial los que nos llamamos discípulos suyos- vivamos de una manera nueva y provocativa, alternativa, modelada por valores diferentes: compasión, defensa de los últimos, servicio a los desvalidos, acogida incondicional, lucha por la dignidad de todo ser humano, lucha por la justicia, defensa de la naturaleza, cuidado del medio ambiente….
Hermanos, hermanas, preguntémonos, y, ¿si Jesús tuviera razón al presentarnos este proyecto? En pocos años, nuestro modelo de vida nos está llevando a la ruina. ¿Pudiéramos, hermanos imaginar una sociedad diferente, cuyo ideal no sea el desarrollo material sin fin, un consumismo que nos está consumiendo a todos y lo consume todo... sino más bien la satisfacción de las necesidades vitales de todos? Una solidaridad común y total, según el evangelio ¿No seremos más felices cuando aprendamos a necesitar menos y a compartir más? ¿Qué dices hermano, hermana? Jesús inicia su misión y nos pide seguirle asumiendo este estilo de vida. La página de hoy tambien contiene las anti-Bienaventuranzas, las cuales, como hemos visto, nos hacen seguir un
camino equivocado, aunque muy vigente en nuestra sociedad.
La primera lectura (Jer 17, 5-8) nos exhortaba con estas palabras: “Dichoso el hombre que confía en el Señor y en él pone su esperanza”. Y San Pablo, en la segunda lectura (1 Cor 15, 12.16-20) nos recuerda que ese Señor es Jesús, el que resucitó y vive plenamente. Que estos textos bíblicos que nos propone la liturgia de este domingo nos inspiren para seguir profundizando en la búsqueda incesante de referentes en medio de la incertidumbre en que vivimos, y nos ayuden a buscar la felicidad a través de los valores sólidos y no en el modelo líquido que nos ofrece la sociedad de consumo. Sigamos adelante en nuestra vida cristiana y
asumamos poco a poco el estilo de vida que Jesús nos propone recordando que el camino de la felicidad comienza contra corriente, y que el Reino de Dios es de los que luchan. (Cfr. Mat 11,12).

