
“Vayan….en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”
Queridos hermanos y hermanas, habiendo recibido el don del Espíritu Santo, la liturgia de hoy nos invita a “sumergirnos” (del griego “baptísontes”) en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo” (Evangelio Mt 28,16-20), es decir “entrar de manera profunda” en el misterio de la Santísima Trinidad. Hoy celebramos esta solemnidad. Sin embargo, la reflexión de hoy no es una invitación a profundizar en un concepto sino en hacer una experiencia, pues el Dios Trino mas que una idea abstracta es una invitación de Dios a entrar (“sumergirnos”) de modo experiencial en su realidad más profunda de su ser Dios, y esta no es otra que el amor, un amor que se comunica y vive comunicándose, vive para “ir hacia”, en un movimiento continuo de cercanía, de proximidad, de hacerse uno con el otro.
Me ha gustado mucho una afirmación que encontré en un escrito (Charo Rodríguez, “La luz de la niebla”): "Ningún Dios enseñado puede ser verdadero, ningún Dios enseñado. Sólo el Dios encontrado puede ser verdadero". Y la invitación de este domingo no es otra que ir a su encuentro, hacer experiencia de él. De hecho, la primera lectura de hoy nos hace ver que, en primer lugar, es Dios mismo que viene al encuentro nuestro. La experiencia a vivir es aquella de un Dios que se acerca a nosotros, que nos elige como su pueblo, “¿hubo un Dios que haya ido a buscarse un pueblo en medio de otro pueblo?” (1ª lectura: Deut 4,32-34. 39-40), y los hace con una sola finalidad: “para que seas feliz”, “para que vivas”. Esta experiencia hay que “reconocerla y grabarla en el corazón”, dice la primera lectura.
La experiencia del Dios-Trino se realiza en “Galilea”, pues es ahí, dice el evangelio, donde Jesús “los había citado”; “Galilea” representa, en los evangelios sinópticos, el horizonte de la vida cotidiana, el lugar donde el hombre, día a día enfrenta los obstáculos, las contradicciones y los retos que representan la vida que fatigosamente debe irse abriendo camino entre el proyecto amoroso y liberador de Dios y la oposición de las fuerzas del mal que intentan hacer fracasar dicho proyecto. “Galilea” es también ese lugar fronterizo donde se tocan las tradiciones judías y la mentalidad pagana, es la “periferia” del pueblo de Dios, ahí donde se vivian todos los conflictos. Es ahí donde Jesus nos cita para hacer la experiencia de ese Dios amor que se comunica y que quiere realizar un proyecto de salvación para la humanidad. Es en la vida cotidiana, en tu día a día y en el día a día de tantas personas que sufren y viven en las “periferias existenciales” de la humanidad, como dice el Papa Francisco, es ahí donde debemos “sumergirnos en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”.
Y ahí, en la cotidianidad de la vida, la nuestra y la de la humanidad sufrida, Dios quiere que hagamos la experiencia de él como Padre y de nosotros como hijos (2ª lectura: Rom 8,14-17), “no han recibido un espíritu de esclavos, que los haga temer, sino un espíritu de hijos…”. Es difícil hacer definiciones abstractas de Dios, en efecto, yo no sé explicar o definir lo que es el amor sin hablar de quien me ama, de describir lo que él hace y dice y que me hace sentir amado. Y eso es lo más importante. Yo no sé explicar lo que es el silencio, pero sí sé decir cómo me siento cuando me recojo y me escucho, y cómo me va en la vida cuando me falta. Y así tantas cosas importantes de mi vida: la alegría, la ternura, la comprensión, vivir con sentido, la belleza... y también Dios.
Y pues, ante ese Dios Trinidad, lo que siento, antes que nada, es su paternidad. Y esto trae consecuencias maravillosas, desde las cuales puedo hablar de él y, porque no, definirlo. “Para mí, si Dios es Padre... quiere decir que yo soy hijo, que tengo quien me ama sin condiciones, que me quiere entrañablemente y que hace todo lo posible para que sea feliz. Que de él vengo y hacia él voy. Que por mis venas corre su ADN divino” *. Así defino la primera persona de este Dios Trinidad, en cuanto a la manera como lo siento y vivo.
Además, “si Dios es Hijo... quiere decir que yo valgo mucho, porque él quiso ser como yo. Y que me enseña que sobre todo soy «hermano». Que mi tarea en la vida es construir fraternidad y comunidad. Que puedo y debo pasar por el mundo dándome, haciendo el bien, luchando contra cualquier injusticia o sufrimiento que afecte al ser humano” *.
Por último, si Dios es Espíritu Santo, quiere decir que mi espíritu no estará jamás solo ni frágil para enfrentar mi vida cotidiana, sino que está “habitado, acompañado, fortalecido y animado por una presencia amorosa, de modo que, gracias a esta presencia puedo ser libremente instrumento de su amor, manos suyas, ojos suyos, pasos suyos, misericordia suya…”. *
Finalmente, la experiencia de Dios Trinidad me lleva a asociarme con él en su proyecto, por ello, el encuentro se convierte en misión “vayan y hagan discípulos en mi nombre”, una misión que no tiene límites, como Dios-Trino mismo no tiene límites, “hagan a todos los pueblos discípulos míos”, una misión basada en la misma experiencia de amor y que se hace en comunión: “yo estoy con ustedes todos los días”.
Hermano, hermana y para ti, desde tu experiencia, ¿Quién es Dios Trinidad?, ¿cómo defines tu relación con él, Dios Santísima Trinidad? En silencio intenta responder y has de tu respuesta un motivo para alabarlo, adorarlo y hacerlo vida tuya; has de tu experiencia de vida con él la razón para salir por los caminos del mundo y vivir tu misión, porque es solo en los caminos de la misión donde “yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”.
*El misterio de la Trinidad, Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf.

