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P. Rafael Aguilar Flores sx

Orar sin desfallecer

En nuestro diario vivir somos testigos de como " toda la creación alaba al Señor" (salmo 148), las plantas con su verdor, las flores con su esplendor, los árboles con su majestuosidad, las montañas, las nubes, el mar, el cielo, los animales y todo lo que respira.

En algunas creaturas es muy clara su alabanza, como los pajarillos que cantan, los perros y los gatos que brindan compañía, las olas del mar que nos mecen con su paz.

Sin embargo, a ninguna otra creatura se le dio el don de la oración, ese diálogo con Dios, Amigo, Padre, Madre, Hermano, Guía, Maestro, Compañero de camino... Solamente el ser humano tiene este privilegio de poder conversar con su Creador, de manifestarle sus necesidades y agradecerle por la vida.

Jesús enseñó a sus discipulos a orar siempre sin desfallecer (Lc 18, 1-8), reafirmando que Dios Papá siempre atiende y viene al encuentro de sus hijos, sólo se necesita la fe, la insistencia de alimentar esta relación amistosa por medio de la oración.

Cuando dejamos de orar la vida se presenta más compleja, es más sencillo vivir si caminamos de la mano del Señor.

La fe es ese fuego interior que nos quema y nos anima a platicar con Dios, a pedirle lo que necesitamos, a rezar por nuestros seres queridos y a encontrar a Dios en nuestros hermanos.

El misionero es uno que ora, que sabe que sin Dios nada puede lograr, que camina junto a Él y anima a los demás a vivir este regalo de amistad con Aquel que nos dio todo por Amor.