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PP. Rolando Ruíz y Antonio Flores

Marruecos: “Aquí estoy, envíame”

Hemos iniciado la aventura Xaveriana en Marruecos en momentos y circunstancias especiales, y no sólo por lo del Covid-19, sino sobre todo porque desde lugares distintos, son muchos los que ahora nos acompañan, bendicen y solidarizan con el proyecto de nuestra presencia en esta zona norte de África. Los que por ahora hemos llegado a esta nueva presencia xaveriana, P. Rolando Ruíz (2 de octubre) y P. Juan Antonio Flores (3 de octubre), saludamos a cada uno de ustedes con deseos de paz y bien. Precisamente, por ahora, estamos hospedados en una comunidad de Franciscanos en Tetuán, al norte de Marruecos.

Llegar a estas tierras, es señal de la confianza que la Iglesia, en general, y las Iglesias locales de Marruecos tienen en nosotros Xaverianos. Efectivamente, durante estos primeros días hemos sido objeto de magnánimas atenciones y de una particular cordialidad de parte del arzobispo de Rabat y Administrador Apostólico de Tánger (nuestra nueva Diócesis), el cardenal Cristóbal López Romero, sdb. Igualmente, hemos experimentado la esplendidez amistosa del pueblo marroquí en el encuentro tenido con Soufian Al Kadaoui, un seguidor del sufismo islámico y amigo de los Misioneros Xaverianos. Los Franciscanos que por ahora nos han abierto las puertas de su generosa hospitalidad, son verdaderos hermanos. En los próximos días conoceremos mayormente la realidad de nuestra Iglesia local y sus evangelizadores varios.

Los saludos y comunicaciones que hemos recibido de parte de muchos de ustedes, nutren el “nuevo sueño de fraternidad y de amistad social” que los Xaverianos, inspirados por el Papa Francisco, queremos que “no se quede sólo en palabras” (FT 6). Nos unimos al deseo del Papa que anhela “que en esta época que nos toca vivir, reconociendo la dignidad de cada persona humana, podamos hacer renacer entre todos un deseo mundial de hermandad” (ib. 8).  

Tenemos confianza en Dios que nos ha llamado a pesar de nuestra fragilidad para hacernos eco de su amor, de un amor que abraza a todos. Además, cuando hablamos de la fe de Abraham, que aceptó ir a otro lugar que él no conocía, sabemos que eso significa reposicionarse. La apertura en Marruecos es la opción de nuestra Familia Misionera para reposicionarnos con fidelidad creativa a nuestro carisma. Así lo decía el P. Menegazzo: “En nuestra familia hoy, es posible una opción más acorde con el carisma (lugar, actividad, estilo de vida) sólo si somos capaces de dejar otros lugares o actividades ya maduros, si somos capaces de sacrificio, si no nos da miedo iniciar de nuevo, si tenemos fe suficiente para intentarlo”.

Gracias a los que ya comparten con nosotros este nuevo sueño xaveriano y nos muestran su cercanía y solidaridad. Les aseguramos nuestra amistad y recuerdo en la oración. Nosotros nos tomaremos un año para iniciarnos en el conocimiento de las lenguas, cultura, religión… y en la exploración de la realidad que nos recibe, a fin de identificar las actividades que nos permitan ser servidores de la fraternidad humana anhelada por el Papa Francisco y auspiciada ya en el “audaz proyecto” de San Guido María Conforti de hacer del mundo una familia, siguiendo las huellas de san Francisco Xavier.

El mes misionero que hemos iniciado con la fiesta de Santa Teresa de Lisieux queda como marco significativo en el que la Delegación Xaveriana de España nos ha enviado, y es invitación a pensar el propio reposicionamiento desde el ad gentesad extra y ad vitam de nuestra xaverianidad. Seguimos en la espera del tercer miembro de nuestra comunidad, François Saleh Moll, cuya próxima consagración sacerdotal nos recuerda que Dios no deja de sorprendernos con la novedad del Evangelio que nos empuja: Caritas Christi Urget nos.

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