Al inicio de este mes misionero les anunciamos la nueva misión de los misioneros Xaverianos en Marruecos. A la llegada de los dos primeros xaverianos a esas tierras nos precisan la siguiente información.
La nueva misión se encuentra en la ciudad de Castillejos, en la costa del mar mediterráneo, a unos cuantos kilómetros de la ciudad de Ceuta, España. Ahí se hablan el francés, un poco de español y el árabe marroquí. Como ya nos lo decía el padre Antonio Flores, la mayoría de la gente es de religión musulmana, sin embargo, en la ciudad existe una iglesia católica construida por los españoles en 1939 y dedicada a la Virgen de las Victorias o también conocida como Nuestra Señora del Carmen.
Como en todos los países donde la religión Musulmana es mayoritaria, la Iglesia Católica siempre se ha hecho presente y el norte de África no es la excepción. Los Misioneros Xavarianos se unen a otros misioneros y misioneras que hacen presente a Cristo y a su Iglesia en estas tierras, pues al final de cuentas existe una minoría católica. La ciudad de Castillejos pertenece a la diócesis de Tánger, que por el momento está en espera de un nuevo obispo.
Otras congregaciones misioneras están presentes en Marruecos, pero los xaverianos serán los únicos misioneros católicos en Castillejos. El diálogo interreligioso será su principal trabajo. Cabe mencionar que el diálogo con los musulmanes nos es algo nuevo, el Concilio Vaticano II recomienda el diálogo interreligioso en el documento Notra Aetate: “La Iglesia también mira con estima a los musulmanes que adoran al único Dios, vivo y subsistente, misericordioso y todopoderoso, creador del cielo y la tierra, que ha hablado a los hombres... Aunque no reconocen a Jesús como Dios, lo veneran como profeta; honran a su madre virgen, María, y a veces incluso la invocan con devoción”. Quien firmó dicho documento fue el Papa Pablo VI y de ahí en adelante todos los papas la han confirmado y llevado a la práctica.
Dialogar con los musulmanes implica conocer su libro sagrado, el Corán, la lengua árabe, sus costumbres, pero, sobre todo, para el misionero, implica conocer su propia religión católica. Todo esto con el fin de conocerse, respetarse y contribuir en la construcción de un mundo de paz y de amor. Además, el diálogo no es sólo sentarse a platicar, es también hacer obras de caridad con la gente pobre, compartir la vida con ellos, estar con ellos en las buenas y en las malas.
A nuestros misioneros les espera un largo camino que recorrer, fundar una nueva misión no es fácil, pero confiados en Dios quien todo lo puede, seguramente cosecharán muchos frutos. Los seguimos acompañando con nuestras oraciones y nuestra solidaridad para “que sea por todos conocido y amado nuestro Señor Jesucristo”.
Y como dice el padre Antonio Flores “no somos los primeros en llegar, pues la virgen de Guadalupe llegó a Marruecos antes que los xaverianos”.





