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Desde que entra el mes de diciembre el ambiente en las casas, en las calles, en las iglesias y en los ambientes públicos se empiezan a llenar de adornos y luces que indican que la Navidad ya está aquí.

En las iglesias se empieza con un tiempo que llamamos Adviento, una preparación para recibir al Niño Dios, recordar con respeto y adoración su nacimiento. El símbolo de este tiempo es la Corona de Adviento con sus cuatro velas, que significan que el tiempo de es de Dios y que no tiene ni principio ni fin, y las velas son la Luz de Aquel que viene a salvarnos. Conforme avanzan los días, empieza también la Novena de Navidad, mejor conocido como las Posadas, son momentos de oración para acompañar a María y José en espera del nacimiento de Jesús; también es un momento de alegría y de convivencia pues estos momentos son una ocasión para reunirse con los vecinos y amigos, para compartir los alimentos, romper la piñata y hacer que los niños se alegren por un dulce.

Hasta aquí todo está bien pues este es el verdadero significado de la Navidad. El problema es cuando sale a flote toda la comercialización de la Navidad, un evento demasiado materializado que trae muchas deudas debido a la mentira que la acompaña, pues muchos prometen que santa Claus les trae regalos en esta época, repito es una mentira que se ha generalizado, lo llama “ilusión”, y desgraciadamente se les miente sobre todo a los niños. Esto está tan arraigado incluso entre los cristianos católicos que prefieren la ilusión a la verdad. Cuando los niños crecen se dan cuenta de la falsedad pues santa Claus nunca ha existido. Para justificar esta mentira se ha creado el personaje de santa Claus, el rostro de un hombre viejo y panzón vestido de rojo que sustituye al rostro del Niño Dios, si tomamos conciencia de esto nos daríamos cuenta de la gravedad del problema pues en el día del nacimiento del Hijo de Dios que nos revela la Verdad es cuando más mentimos.

Por otro lado, desde hace algunos años, los que están en contra del cristianismo y del catolicismo están promoviendo la idea de quitar del vocabulario la palabra Navidad y prefieren hablar de “felices fiestas”, argumentando que la Navidad tiene un tinte religioso que ofende a los creyentes de otras religiones o a los ateos. En esta misma línea, antes en la radio y la televisión se escuchaban cantos de esta época llamados villancicos y que hablan de Jesús, María y José, de los pastores, de ángeles, etc., todo esto también está quedado al margen y prefieren cantarle a santa Claus, a Rodolfo el Reno, etc. Lo incoherente de esto es que esta gente quiere borrar la Navidad, pero no renuncian a las fiestas, quieren vacaciones, aguinaldo, etc. Todas estas costumbres vinieron gracias a la celebración de la Navidad.

En pocas palabras, la Navidad no existe sin Jesús. No sustituyamos el rostro de un hombre viejo por el rostro del Niño Dios. Si celebrar la Navidad es faltarles el respeto a las otras religiones, quitar la Navidad es faltarle el respeto al cristianismo, de manera particular a la religión católica. Por último, hay que recordar que es preferible la Verdad a la ilusión. No te confundas en lo que celebras el 25 de diciembre.

¡Feliz navidad a todos y todas!

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