Sobre la muerte San Pablo nos dice: “Si vivimos, vivimos para el Señor, y si morimos, morimos para el Señor: tanto en la vida como en la muerte pertenecemos al Señor” (Rm 14,8).
Dios nos concede de nuevo dedicar nuestros pensamientos y oraciones por nuestros queridos difuntos. Para quien no tiene fe en Dios ellos y ellas ha muerto, pero para un creyente más bien han sido llamados a la presencia del Padre; la muerte pues no es un fracaso sino un triunfo, porque se gana la vida eterna.
En México decimos que es la fiesta de los difuntos, o Día de muertos, pero en realidad es una fiesta de los vivos porque quienes festejan están vivos; es nuestra fe la que nos ayuda a no perder la esperanza, a resistirnos a morir, nos empuja a vivir con Dios.
Parece que somos más conscientes de las tradiciones que nos dejaron nuestros antepasados, hoy se hacen altares de muertos en las iglesias, en las escuelas, en parques públicos, y esto es bueno, pero nos falta vivir la esencia de esta fiesta: el respeto por los difuntos, la fe en la vida que viene después de la muerte. Nuestros abuelos creían ya en una vida después de este mundo, pero es el Evangelio de Jesucristo que nos revela la certeza de la Vida Eterna, se trata la Resurrección, es así como la fiesta de los difuntos encuentra su plenitud.
“Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees tu esto?” (Jn 11, 25-26). Tenemos pues que responder a esta pregunta de Jesús para vivir plenamente este día dedicado a nuestros difuntos.
Tomemos un momento para orar por nuestros seres queridos que ya están en la presencia de Dios, en señal de agradecimiento por lo que nos dejaron, en señal de nuestra fe en Dios y en su Reino Eterno donde esperamos llegar todos juntos y nunca más volvernos a separar.
Dales Señor el descanso eterno y brille para ellos la Luz Perpetua. Descansen en Paz. Así sea.