A veinte años de su última escalada a la montaña y de ahí al cielo,
ocurrida el 31 de diciembre del 1999,
agradecemos al Padre Celestial la vida de este misionero,
con su corazón contagiado por la belleza a la naturaleza,
Asiduo lector y promotor de lectura de la Biblia,
Alegre amigo, servidor generoso.
Y compartimos estas palabras que abren la presentación de su biografía:
“ El espacio reservado cada día a la CARIDAD
era la medida de su PROFUNDO AMOR A CRISTO
de quien sabe percibir su presencia divina
en los pobres, en los marginados, en los enfermos.
en los muchos abandonados de las grandes metrópolis,
en los campos de los sin techo, en el rostro de los encarcelados,
en las filas interminables de los prófugos y los exiliados,
en la multitud desorientada de los inmigrantes.
Con quienes que estuvo en contacto en México, Congo e Italia
Y que ayudo con un CORAZÓN DE HERMANO.
Deseoso de transmitir esta VISIÓN DE FE
a los jóvenes que le fueron confiados en sus manos de SABIO EDUCADOR”.