Una procesión sale de la parroquia del Inmaculado Corazón de María en Piracicaba, Brasil, parecería un día de fiesta, la comunidad se ha reunido para despedir a su párroco. El cuerpo del Padre Humberto Vega es llevado sobre un camión de Bomberos del municipio, una forma de honrarle y de reconocer el valor de su breve, pero muy significativa vida misionera en aquellas tierras. Su mamá y algunos de sus hermanos le acompañan; desde su tierra natal, Zamora en el estado de Michoacán, otros familiares y amigos le acompañan en oración, como muchos otros amigos y conocidos lo hacían en todas las comunidades xaverianas de México y otros países, la plegaría por Beto se elevaba al cielo desde muchos rincones del mundo.
Su vida misionera le había llevado a vivir como hermano entre hermanos en aquellas tierras, la presencia en su funeral del obispo Don Fernando Mason, varios sacerdotes diocesanos, hermanos xaverianos del Brasil, familias y jóvenes atestiguan el afecto que le había llevado a vivir con entusiasmo y alegría su vocación. Después de la celebración litúrgica, el cortejo acompañara su cuerpo hasta el cementerio de la Resurrección. Ahí, en aquellas tierras y aquella gente amadas por él, será un signo que sigue bendiciendo hasta el día en el cual el dueño de la Vida nos ponga a todos en torno a la mesa de su Reino a la cual cada misionero va invitando a los pueblos del mundo.
La noticia de la partida de Beto tomó a todos por sorpresa y causó una gran pena, fue en la mañana del 13 de noviembre del 2016, en Piracicaba–Brasil, a causa de una crisis de insuficiencia respiratoria la arrebata su vida. El P. Humberto Vega Aviña tenía 46 años cumplidos, había nacido en Zamora, el 10 de enero de 1970, siendo el décimo de 13 hijos, vivió con su familia hasta los 19 años.
Recibió de su familia una buena formación con esplendidos ejemplos de fe. Los papás colaboraban en las actividades parroquiales; No obstante, su numerosa familia, su mamá encontraba tiempo para visitar a los enfermos y ancianos; su papá formaba parte del grupo de pastoral penitenciaria. Humberto se nutrió de este clima de fe profunda y dinámica, pertenecía a la acción católica y formaba parte del grupo de la Liga Misional Juvenil, fue en este grupo donde da inicio su inquietud vocacional misionera.
Cuenta su mamá que no creyó que Humberto hablara seriamente cuando le comentó sus planes de ingresar al seminario misionero, pero él ya estaba decidido. El 26 de noviembre de 1989 ingresa a la familia xaveriana al Postulantado en Salamanca. Fue bien aceptado en su grupo porque sabía compartir sus múltiples dones y cualidades. Responsable en el trabajo y efectivo en las actividades. De esa primera etapa expresa que “se sentía bien en el mundo xaveriano, enamorado del ideal misionero”.
Realiza su primera profesión el 4 de agosto de 1991 junto a un grupo numeroso y activo. Continuó después con los estudios de filosofía en Guadalajara, seguido por un año de servicio en San Juan del Río. Enfrenta momentos de dificultad al inicio de sus estudios de la Teología, siendo primero destinado a la Teología de Yaoundé en Camerún y después a Brasil, diferentes circunstancias externas no permitirán esos planes, por lo que realiza esa etapa en la comunidad xaveriana de la Ciudad de México. Su perseverancia lo ve ser ordenado sacerdote en la Parroquia de San Bernardo de Guadalajara el 30 de julio del 2000.
Después de la ordenación el Padre Beto fue destinado a la comunidad de Torreón como promotor vocacional en el Centro Juvenil Misionero (2000 – 2004), realizando con alegría y generosidad la misma actividad en la Ciudad de México (2004 – 2005). Para ofrecer un año de servicio colaborando en el Centro Xavier de Guadalajara (2005 - 2006).
Siempre disponible a las necesidades y peticiones que se le presentaban, fue destinado nuevamente a la Ciudad de México como formador y vicerrector de la Teología Internacional. Un testimonio puede sintetizar la actitud que siempre le acompaña: “En México siempre hemos apreciado su bondad contagiosa, la creatividad en los grupos juveniles y en nuestras comunidades. Ha siempre colaborado para serenar el ambiente, superar los problemas confiando en Dios, en su Providencia y en la Palabra del Señor”.
La anhelada salida a misión llega en el 2011, cuando fue destinado a la región de Brasil Sur. Donde primero estudia el portugués en el Centro Cultural Misionero de Brasilia. Es enviado a Piracicaba, donde permanecerá el resto de su servicio misionero, los primeros dos años como vicario parroquial y después como párroco y coordinador de zona. Beto, se hizo apreciar por su cercanía y servicio pastoral a los jóvenes, por su sencillez y por su creatividad y calidez en la animación misionera. Formó parte del Consejo Regional y desde el 2014 contribuyó a la creación y desarrollo del movimiento Juventud Misionera Xaveriana, del cual organizó dos encuentros regionales.
La celebración de su funeral se transformó en una fiesta, muy en sintonía con su existencia vivida con gozo y esperanza, esta realidad es expresada por el padre Roberto Carlos Marques da Silva al hablar de Beto quien fue verdaderamente “Un hombre de fiesta, un misionero que llevaba la alegría del Evangelio y con su manera de ser cautivaba a todos”.
Que descanse en Paz.




