Mi experiencia en Santa Cruz

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Llegué en el mes de septiembre a vivir en la comunidad de Santa Cruz, un pueblo indígena de lengua náhuatl, al vivir aquí con ellos te das cuenta que ya no es su realidad social, cultural, religiosa, política; es también tu realidad, porque convives y compartes con ellos las penas y alegrías de esta, ya no eres un simple espectador de su realidad.  Y esto exige una respuesta, la necesidad de dar un paso más para ver qué se puede hacer.

Una de estas realidades la viven los niños, la gran mayoría son confiados a sus abuelos o tíos  para su educación y cuidado, ya que ante las necesidades y falta de empleo en el lugar, sus papas se ven obligados a emigrar a las grandes ciudades del país (Guadalajara, Monterrey o México). Otros soportan además de la pobreza extrema, el alcoholismo y la violencia que hay dentro de su familia.

La situación de los adolecentes y jóvenes no es mejor, algunos de ellos son presas del alcohol y las drogas, muchos otros se ven obligados a interrumpir sus estudios debido a su situación económica; en cierta ocasión una señora me decía: <<mi hijo mayor quiere seguir estudiando, pero lo que necesito es que ya trabaje para que me ayude con sus hermanos, porque ya no puedo con los gastos>>.

Cada niño y joven vive una situación que comienza a escribir su historia, y se puede percibir: la falta de los padres, la violencia que vive en casa, la carencia económica, la falta de afecto y cariño.

Pero en medio de todo esto veo la acción de Dios que va acompañando a su pueblo y hace suscitar la solidaridad y la comprensión,  sobre todo cuando entre ellos se ayudan o se unen para ser frente una situación. Un catequista me compartía que la doctora le pidió avisar a su vecino que se llevaría a su esposa al hospital porque ya iba dar a luz,  cuando llegó éste, le avisó y al saber que no tenía dinero para ir al hospital y que además tenía en la ciudad de México un familiar también en el hospital, este catequista pidió a su esposa que le diera 20 pesos que tenían, con los cuales pensaban comprar un queso para su cena,  recuerdo que con una sonrisa serena me dijo << y ese día ya no cenamos queso, puros frijoles>>, en ese momento vino a mi mente la viejita que contempla Jesús en el templo y dice a sus discípulos  -esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca; porque todos han echado de lo que le sobraba; pero ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía..-  Mc 12,41.

También admiro la fe de la gente que a pesar de todo, muestran una fe inquebrantable,  me sorprendo cuando los veo platicar con “TOTATA JESÚS” (imagen de Jesús maltratado y con la corona de espinas), me hacen pensar que se identifican con este Jesús sufriente, al que le platican todas sus preocupaciones y dolencias, creo firmemente en que Dios los escucha y acoge con benevolencia porque como reza el salmo 68,34: "Dios no desoye al pobre".