Capilla S Guido M Conforti

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Filosofado San Guido Maria Conforti

Av. Juan Palomar y Arias 694 Prados Providencia 44670 Guadalajara, Jal.
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Filosofado San Guido Maria Conforti

Después de la llegada de los Xaverianos a la región de México, y de levantar con muchos esfuerzos las dos primeras casas de Mazatlán, Sin. y San Juan del Rio Qro., algunos hermanos vieron la necesidad de crear un seminario mayor.

Sin pérdida de tiempo, el P. Scremin viajó a Guadalajara para buscar un terreno, para la construcción de este nuevo centro de estudios filosóficos y teológicos. La Srta. Victoria Ladrón de Guevara donó el terreno y los trabajos de construcción comenzaron el 3 de mayo de 1971.

El 12 de septiembre de 1971 llegan los primeros cuatro alumnos que habían terminado la preparatoria en nuestro seminario de San Juan del Rio, y que antes de hacer su noviciado, cursarían el primer año de filosofía con los misioneros del Espíritu Santo: Jesús Romero, Arturo Peguero, Ramón Caracheo y Manuel Fernández.

El 21 de agosto de 1972 llegaron de San Juan del Rio los padres Lino Sgarbossa y Enzo Cipriani con 22 alumnos, seis que habían terminado la preparatoria y que tenían que iniciar su noviciado y 16 que cursarían el último año de preparatoria en el colegio Fray Pedro de Gante.

En la actualidad, solamente viven los estudiantes de Filosofía, algunos de los cuales se encargan de la animación misionera, dirigen círculos vocacionales, montan exposiciones misioneras, asisten a los colegios para realizar propaganda misionera y atienden a grupos juveniles. Otros, en las colonias de la periferia de la ciudad, realizan grupos de preparación bíblica, litúrgica y catequesis para diferentes edades.

Sin olvidar mencionar que cada sábado nuestra casa se convierte en un centro de catequesis, donde se prepara a niños y a jóvenes para que reciban la Primera Comunión y la Confirmación.

A lo largo de los años, esta casa ha sido sede de varios eventos importantes para nuestra Región de México, desde Capítulos provinciales, hasta las primeras ordenaciones sacerdotales de xaverianos mexicanos. Entre las actividades importantes que se realizan durante el año, está la tradicional kermes, y el nacimiento misionero.

Durante algún tiempo está casa albergó al “Centro Xavier”, la Casa Provincial, y la Casa de Filosofía y Teología.

Mi vocación misionera

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Si regresáramos el tiempo a cuando tenía diez años y me hicieran la pregunta: Oye, ¿te gustaría ser misionero? Les aseguro que no sabría que responder, sin embargo, el querer conocer más a fondo sobre mi vocación, el llamado especial que Dios me hacía, fue lo que posteriormente me dio el empujón para que a mis catorce años pudiera decir: Pues, no sé exactamente qué es eso, pero… vamos a ver qué es.

El llamado que Dios hace a seguirlo no es algo que esté dado de forma explícita, sino que hay que descubrirlo, es decir, no es que te llegue por un mensaje de Whats y al leerlo te diga: Hola k tal querido hijo, soy Jesús, te llamo para k seas mi misionero. No, nunca se presentan las cosas de esta manera. Sin embargo, Dios usa muchos medios para invitarte a entrar en ti y preguntarte: ¿Qué misión especial tiene Dios para mí?

En mi caso Dios no fue muy creativo en su llamada, no recibí visitas celestiales ni sueños especiales, ni tampoco signos en el cielo, fue muy pero muy ordinario, un amigo de la secundaria quería ir al preseminario, pero no quería ir solo, así que me invitó a vivir esa experiencia. Mis padres no se opusieron, así que participé al preseminario. Lo que encontré fue algo tan diferente a lo que pensaba que cuando llegué me dije a mí mismo: Parece que aquí hay algo que no se puede explicar, pero creo que este es mi lugar.

A veces da miedo enfrentar algo diferente, algo nuevo, sobre todo cuando nos cerramos a la posibilidad de que Dios nos llama por el camino de la misión. A veces me suelen preguntar: Padre y usted ¿por qué entró al seminario? Al principio me daba vergüenza responder, ya que mi motivación más fuerte para ingresar al seminario fue porque tenía cancha de futbol, pero interiorizando más a fondo pude reconocer que la verdadera pregunta, no fue por qué entré al seminario, sino más bien, por qué me quedé en el seminario sabiendo que en muchas otras partes había canchas de futbol. La respuesta es porque reconocí que Dios me llamaba a la vocación misionera, no lo impone a la fuerza, sino que me dejaba en la libertad de responder.

Por eso estimado amigo, te invito a que te des la oportunidad de conocer más de acerca la vocación misionera, no tengas miedo a lo que pueda suceder, Dios irá colocando las cosas para que puedas clarificar tu respuesta. Yo le hice caso y te aseguro que descubrí un mundo tan estupendo al decidir acompañar a un amigo al seminario, el cual me lo hubiera perdido si por miedo o por vergüenza no hubiera hecho esa elección. Mi vocación misionera por los medios más cotidianos ha sido mi tesoro escondido que finalmente encontré.