En los personajes de la salvación que encontramos en las Sagradas Escrituras, nos damos cuenta que Dios ha fijado su mirada en los sencillos para hacer obras grandes en su vida. En el texto de hoy podemos observar el gran amor que Dios tiene para el ser humano: a una joven humilde –María- le anuncia la encarnación del Salvador. Abre el evangelio; te invito a que leas Lucas 1,26-38
Hace unos días hemos contemplado una escena enternecedora, conmovedora, de gran significado y de salvación para nuestra vida de creyentes: el nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios. A lo largo de este año nos ocuparemos en reflexionar sobre el evangelio de la infancia de Jesús. El Evangelio de Lucas es el evangelio de la ternura, de la misericordia. La página del evangelio de hoy, nos entrega un texto denso: una teología de la encarnación vista desde el Antiguo Testamento.
Aldea desconocida
El evangelista Lucas nos habla del nacimiento de Jesús en paralelismo con el nacimiento del Bautista. El nacimiento de Juan Bautista se realiza en Jerusalén, la grandiosa capital de Israel. El nacimiento de Jesús se anuncia en un pueblo desconocido de las montañas de Galilea, en una aldea que nadie conoce, llamada Nazaret. Nadie esperaba que saliera de ahí algo bueno.
Así sucede con nuestra vida. En personas pequeñas, humildes de corazón, el Señor obra grandes prodigios. Años más tarde, serán los pueblos más insignificantes de Galilea que acogerán con agrado la alegre noticia del Evangelio. Jerusalén, por el contrario, rechazará siempre la salvación de Dios, encarnada en la persona de Jesús.
Nos sorprende
A diferencia de Isabel, la madre del Bautista, María, la madre de Jesús, nos dice el Evangelio que es una muchacha joven; que se pregunta sobre los planes que Dios tiene para ella. ¿Cómo será eso si no convivo con un hombre? Dios le devuelve la tranquilidad. Un ángel le dice a María: ¡No temas!
¿No pasa eso mismo también con nuestra vida? Nos llenamos de planes y proyectos personales. De repente, Dios nos sorprende por medio de las personas y de los acontecimientos de nuestra vida; nos llama a un cambio de rumbo, siempre por caminos nuevos. Aunque a veces nos cueste entender este cambio. En el fondo de nuestra respuesta a la voluntad de Dios, encontramos lo que da sentido a nuestra vida, lo que nos lleva a la felicidad auténtica y verdadera.
Reflexión personal
Podemos decir que María y la Palabra, anunciada por el ángel, son los protagonistas de los cuales Dios se sirve para proclamar el anuncio de su encarnación. ¿He pensado alguna vez que Dios sigue llamando, que puede llamarme también a mí para ser protagonista de un mundo mejor; para colaborar con él en su proyecto de vida?
María no se sintió digna de colaborar con los planes de Dios. Pero Él, le fue abriendo camino para que la madre de Jesús diera su sí a la voluntad de Dios. En mi camino como cristiano, ¿he puesto resistencia para seguir a Jesús? ¿He sabido superar esas resistencias?
El anuncio del ángel le cambió la vida a María, sin violar su libertad. Ella se sintió bendecida por Dios. Desde aquel anuncio del ángel, la historia y el hombre han cobrado un nuevo sentido. ¿Me he dado cuenta si a través de la palabra de Dios mi vida tiene más sentido? ¿En qué lo noto? ¿Cómo lo experimento?


