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Xaverianos

FRAY TORIBIO DE BENAVENTE

 

Autor: P. Rafael Mares R. /

El apellido de Fray Toribio era Paredes, pero adoptó el de su villa natal, Benavente, en la Orden franciscana y el apodo de Motolinía, «el pobre», al oírse llamar así por los indios. De hecho, durante el trayecto de Veracruz a México, los 12 apóstoles franciscanos andaban descalzos, con hábitos muy usados, dormían en el suelo, tapándose con mantas para el frío y sólo comían lo más sencillo: tortillas con chile y frutas, motivo por el que estaban “flacos y sufridos”.

 Toribio ingresó en la Orden a los 17 años, y, amigo de fray Martín de Valencia, le llevó éste a México como predicador y confesor en el grupo de doce frailes que, para predicar el cristianismo en Nueva España, partieron en 1524, siendo recibidos, con suma reverencia, por Hernán Cortés para impresionar a los indios, contrastando con la humildad de su aspecto. Quedó Motolinía, al parecer, de guardián del convento de la capital, y durante la expedición de Cortés a Honduras, junto con fray Martín de Valencia, sufrió las persecuciones de  Gonzalo de Salazar, por la defensa que hacía de los indígenas. La preocupación de Motolinía en sus misiones no sólo era la simple conversión de los nativos, sino que aprendió el náhuatl para poder comprender mejor sus inquietudes y ayudarlos mejor. Quería que la colonización fuera lo menos cruel posible y se diera un trato digno y más humano a los nativos, en una época en que a los indígenas se les trataba como si fueran animales.

De 1527 a 1529 estuvo en Guatemala para estudiar la fundación de las misiones, llegando hasta Nicaragua, y desarrolló una amplia acción evangelizadora. Vuelto al convento de Huejotzingo, de nuevo hubo de amparar a los indios contra los atropellos de Nuño de Guzmán. Esto le trajo la acusación de rebelde y de intentar la independencia de la Nueva España, en forma de Estado indígena, dirigido por los misioneros, bajo la soberanía del rey de España y con exclusión de los colonos españoles. El cargo era falso pero se le llamó la atención.

 Pasó, en 1530, al convento de Tlaxcala y contribuyó activamente a la fundación de la ciudad de Puebla de los Ángeles en 1531. Desarrolló luego su acción misionera en Tehuantepec, con el padre Valencia; estuvo en Guatemala nuevamente en 1534. Como buen conocedor del idioma, costumbres y pasado indígena, le encomendó la Orden, en 1536, que escribiera el relato de las antigüedades mexicanas y la historia de la conversión, lo que efectuó Motolinía en los años siguientes; permaneció inédita la obra, conocida con el título de Historia de los indios de la Nueva España.

 Surgida la cuestión de las Nuevas Leyes, se colocó Motolinía enfrente de los dominicos y de Bartolomé de Las Casas, pues no obstante su amor a los indios, no compartía el optimismo ni los puntos de vista en exceso idealistas de aquél, ateniéndose a las realidades creadas. El ayuntamiento y los colonos de Guatemala le pidieron que volviera y los defendiera contra de Las Casas.

 De 1548 a 1551 fue ministro provincial de su Orden. Carlos V le ofreció el obispado pero él lo rechazó. Se retiró de las labores misioneras, pero aún fundó varios conventos, de los que fue guardián; en 1555 escribió una célebre carta al emperador contra de Las Casas en defensa de la Conquista, de los colonos y de la evangelización, y censurando sus inexactitudes y sus desaforados ataques a los españoles. Residió los últimos años de su vida en la capital, donde falleció en 1565, y no en 1569, como se ha supuesto.

Había consagrado toda su vida a los indios, más de 40 años, a los que amó hondamente, los comprendió y defendió, dejando fama de ser uno de los más celosos y piadosos misioneros de los primeros tiempos en México.