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Xaverianos

Fray JUAN DE ZUMÁRRAGA

Autor: P. Rafael Mares R.

Fray Juan nació en Vizcaya, España en el 1475. Primer obispo de México. Ingresó en la Orden franciscana. En Valladolid, conoció a Carlos I en 1527, quien, impresionado por su rigidez y caridad, le envió con fray Andrés de Olmos, a la Nueva España donde sería nombrado protector de los indios.

 Sin consagrarse partió a su sede llegando a fines de 1528. Llegó con la primera Audiencia, presidida por Nuño de Guzmán, cuyo régimen fue el colmo del desorden, la tiranía, abusos de todo género, robos y crímenes. Los primeros tiempos fueron amargos para él y duros de sobrellevar, pues estuvo en conflicto casi permanente con los tiranuelos de la Audiencia, que contaban con la autoridad legal, en tanto que Zumárraga, no era más que obispo electo, y la vaguedad de su cargo de protector le impedía actuar con eficacia en favor de los oprimidos indios. Abundaron los incidentes, por la violencia de los oidores. En 1532 una junta de autoridades superiores convocada por el nuevo oidor Fuenleal, acordó poner en vigor las medidas favorables a los indios y las relativas a su conversión. Zumárraga tuvo una tarea muy difícil: establecer una nueva Iglesia a base de dos razas distintas en todo; proteger y convertir a la una y contener a la otra; evitar la rivalidad entre las órdenes religiosas; formar un clero secular y no tropezar con el poder civil, lo que no pudo conseguir.

 Las Bulas de 1530 erigieron canónicamente el obispado y Zumárraga se consagró en Valladolid (1533). Publicó una exhortación para que acudieran misioneros a México y pidió al Consejo el envío de religiosos, sin conseguir ninguno; en cambio, llevó a su regreso en tres buques, familias de artesanos y maestras para las niñas indias. Consiguió la confirmación de la cédula de 1530 que prohibía toda esclavitud de los indios y medidas para la moderación de sus tributos.

En adelante, en paz con el poder civil, se consagró Zumárraga íntegramente a su labor apostólica. La validez de los bautismos colectivos, que realizaban los frailes, fue reconocida por el papa Paulo III en 1537, pero ordenando que se guardasen todas las ceremonias, lo que ocasionó descontento en los franciscanos, partidarios de facilitar el bautismo; también reguló la junta la cuestión de los matrimonios indios, al suprimirse la poligamia, resolviendo el Papa que fuera conservada la primera mujer. Problema que nunca pudo resolver Zumárraga fue el de la creación del clero secular, pues tenía que apoyarse necesariamente en las órdenes religiosas, dotadas de un celo excepcional para la conversión, pero muy exentas de su autoridad por los enormes privilegios que les había concedido Adriano VI en la bula llamada Omnimoda (1521), confirmada por Paulo III (1535), que les traspasaba casi íntegra la autoridad apostólica y a la que no querían renunciar después. En 1537 se pidió a Carlos V, ayuda para reducir a los indios a vivir en pueblos y evitar su dispersión; el envío de clérigos virtuosos y de frailes; mayor autoridad episcopal; construcción de la catedral; fomento de la colonización blanca, y enseñanza de artes y oficios a los indios, peticiones que atendió Carlos en su mayoría. En 1539 se acordó permitir en las órdenes menores a indios aventajados, pero persistió su rigurosa exclusión del sacerdocio y del monacato. La Iglesia era pobre, y de los diezmos estaban exentos los indios, apoyados en esto por los frailes.

Por iniciativa suya se introdujo la imprenta, que se estrenó en 1539 con la Breve y más compendiosa doctrina christiana en lengua mexicana y castellana. Paulo III nombró a Zumárraga como primer arzobispo (8 de julio de 1548), bula que no le llegó ya, pues murió el 3 de junio de 1548. Fue un pastor ejemplar por su celo, su ardiente amor a los indios, sus esfuerzos por la propagación de la fe, su caridad, manifestada durante la terrible epidemia de 1545, su afán por el bienestar del país, el aumento de la inmigración, la introducción de nuevos cultivos, la difusión de la seda y la traída de artesanos. Fundó un hospital para enfermedades contagiosas, y el célebre colegio de Santa Cruz de Tlatelolco (1536) para niños indios dotados, donde hubo un magnífico elenco de profesores franciscanos, y que dio, durante algún tiempo, excelentes resultados, demostrando la capacidad de los indios para adquirir la cultura europea y clásica.