Fuente: Adital
/ La expresión "mujeres de cuidado” se refiere a la actitud ética de diligencia, gentileza, atención e interés por la vida en sus diferentes expresiones. Tiene que ver con la capacidad de amar, de comprender y acoger los sentimientos del otro, de hacerse cargo de sus necesidades y de reconocer y fortalecer su dignidad. En efecto, hoy día se va reconociendo que las vidas de las mujeres se han distinguido no solo por su capacidad de transmitir la vida, sino de alimentarla y cuidarla. Por eso con justicia se afirma que ellas han sido y son las principales constructoras de dignidad humana y de comunidad. Más todavía, se dice que su auténtico poder "es el de haber sido arquitectas de lo más humano en la persona”.
Podemos decir que mujer de cuidado fue ciertamente Olimpia Gouges, que durante la Revolución Francesa, redactó "Los Derechos de la Ciudadana” (1791) antes de que fueran proclamados los de los Ciudadanos. Gouges reclamó un trato igualitario de la mujer con respecto al hombre en todos los aspectos de la vida, públicos y privados: el derecho de voto, de ejercer cargos públicos, de hablar sobre asuntos políticos, de igualdad de honores sociales, de derecho a la propiedad privada, de participar en el ejército y en la educación e, incluso, de igual poder en la familia y en la Iglesia. La acusaron de haber escrito contra el gobierno republicano, de rebelde, de conservadora, de querer restaurar la monarquía. Más explícitamente, se habló de "haber querido ser hombre de estado” y de ser conspiradora por "haber abandonado las virtudes propias de su sexo”. Gouges, considerada hoy día una de las precursoras del feminismo, fue a la guillotina en 1793, dejando un legado de luchas reivindicativas a favor de las mujeres.
Más cercanas a nuestra historia fueron también Rufina Amaya y María Julia Hernández, símbolos de la lucha por la verdad y la justicia. La primera es la única mujer que se salvó milagrosamente en El Mozote y que escuchó cuando elementos del ejército salvadoreño asesinaban a sus cuatro hijos; María Julia impulsó un proceso jurídico de justicia para las víctimas de El Mozote. Se individualizó a 819 personas ejecutadas por efectivos de la Fuerza Armada. De esas víctimas 449 eran menores de 18 años.
Por más de 25 años Rufina repitió su testimonio en los más diversos espacios de la vida nacional y en varios países del mundo. Se considera que la recuperación de la memoria histórica de lo ocurrido en El Mozote se debe, en gran medida, a la valentía de Rufina para relatar los terribles recuerdos de su experiencia. En una parte de su testimonio afirma:
"Yo lo que espero es la justicia, que haya justicia. Una justicia no es venganza, sino que la justicia debe ser un reconocimiento a las víctimas y también un reconocimiento a los errores que ellos cometieron. Deben pedirle perdón al pueblo, porque la mayoría de gente ha quedado sin hijos y sin papá; entonces merecemos el respeto humano y que ellos reconozcan lo que hicieron y también que le pidan perdón al pueblo. Que haya justicia, porque si no hay justicia no hay perdón”.
Rufina y María Julia fueron "mujeres de cuidado” porque generaron la esperanza de que la verdad puede más que la mentira, la justicia más que la injusticia; ambas cultivaron la esperanza de que la fuerza de la víctima es más eficaz que la del verdugo, y lo hicieron contra corriente, es decir, en un contexto de prepotencia e impunidad oficial.
"Mujeres de cuidado” son todas aquellas mujeres anónimas que en el día a día enfrentan la muerte lenta que produce la pobreza. Mujeres-madres que buscan oportunidades de trabajo o se rebuscan en el incierto mundo del subempleo para sacar adelante a sus hijos e hijas; mujeres luchadoras sociales que se involucran en las transformaciones políticas que nos aproximen a una sociedad incluyente; mujeres educadoras y defensoras en derechos humanos que cuidan de la dignidad de la persona amenazada por la arbitrariedad, la impunidad y la prepotencia. De todas ellas, entre otras, podemos decir –citando al poeta cantor Silvio Rodríguez– "Me han estremecido un montón de mujeres, mujeres de fuego, mujeres de nieve… Me estremecieron mujeres que la historia anotó entre laureles, y otras desconocidas gigantes que no hay libro que las aguante”.


