Al hablar de personas que siguen a Jesús se dice que tienen vocación. ¿De dónde viene esta palabra? Es una derivación del latín “vox, vocis”, que significa voz, por lo cual la vocación implica que una persona llama a otra. En la Biblia tenemos muchas llamadas, voces dirigidas a ciertas personas con alguna finalidad específica; cada llamada está destinada a una persona en particular o a algún grupo de personas.
Hay una llamada que es general, para todos los seres humanos, y la encontramos en el primer libro de la Biblia: «Y dijo Dios: “Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra… “» (Gn 1,26). Hay un llamado, una voz que llama a la existencia; es una vocación a ser “imagen, como semejanza” de Dios: es esta la primera vocación del ser humano, el cual se realiza en la medida en que se vive, se manifiesta la “imagen” de Dios, y se presenta “como semejanza” de Él. Así podemos decir que esta es la primera vocación de todo ser humano.
Las otras llamadas que la Biblia nos presenta tienen características muy variadas; trataremos de ver algunas para poder comprender que Dios no está aferrado a una manera única de llamar.
Una llamada muy conocida, debido a que está en el origen del pueblo de Israel, es la de Abraham (Gn 12,1ss). Normalmente la vemos como una llamada directa de parte de Dios a Abraham, porque nos olvidamos de los versículos anteriores y en ese caso pensamos a Abraham en su patria, con su padre, sus costumbres, sus dioses, y ahí escucha la voz de Yahveh que le dice: “Vete de tu tierra, y de tu patria, y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré” (Gn 12,1). Sin embargo en el capítulo 11 del mismo libro, presentando algunas genealogías, concluye con la historia de Téraj, del cual se dice que “tomó a su hijo Abram, a su nieto Lot, el hijo de Harán, y a su nuera Saray, la mujer de su hijo Abram, y salieron juntos de Ur de los caldeos, para dirigirse a Canaán” (Gn 11,31).
Teniendo presentes los dos versículos mencionados, vemos que quien tomó la iniciativa de salir de Ur para ir a la tierra de Canaán, fue Téraj, el padre de Abraham, pero murió en el camino y no llegó a Canaán. Es en la iniciativa de su padre que Abraham reconoce el llamado de Dios a dejar su patria, a no volver a Ur luego de la muerte de su padre, sino a continuar el camino y llegar “a la tierra” que Yahveh le indicará.
Así podemos concluir que Dios se sirve de las iniciativas de otras personas – de Téraj, en este caso – para manifestar sus planes, para llamar a alguien, como es el caso de Abraham. Lo mismo nos puede ocurrir a nosotros, si estamos atentos, de reconocer el llamado de Dios a través de la iniciativa de otra persona.



