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Xaverianos

... TAMPOCO YO TE CONDENO

Autor: Osvaldo Pulido R.

/ Algunas veces nos sentimos desanimados en nuestro empeño por seguir de cerca a Jesús y su proyecto de vida, nos sentimos frágiles e indignos. Sin embargo, Jesús nos mira con ternura, nos perdona y nos da siempre posibilidades de renovar constantemente nuestra vida para caminar con Él. Abre tu biblia y lee Juan 8, 1-11.

 Nadie se atreve a dar la cara ante la situación de una mujer pecadora. Los fariseos muestran una vez más su hipocresía, acusando a una mujer y sintiéndose limpios de pecado; además con una actitud irónica ponen una trampa a Jesús, llevándole a la mujer para que él dé su veredicto. Si Jesús acepta apedrear a la mujer no sólo perdería su fama de bondad y misericordia sino que quedaría mal ante el poder civil; por otra parte, si decide no apedrearla, se declara en contra de la ley.

La narración nos muestra el menosprecio que se le tenía a la mujer, si sorprendieron “infraganti” a los dos (hombre y mujer), ¿Dónde está el hombre?, la ley mandaba apedrear a los dos.

Que tire la primera piedra

El adulterio era considerado como aquella relación sexual que un hombre casado tenía con una mujer casada. La mujer una vez casada se consideraba propiedad del marido. Con el adulterio se perjudicaba al marido, pero si el hombre le fallaba a la mujer no había problema alguno. ¡…Cómo iba a estar de acuerdo Jesús con esta aberración!

En apariencia, Jesús se pone de parte de la ley, pero con una condición: “El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”… todos acusan a la mujer, pero tirar la primera piedra era hacerse responsables de la ejecución y nadie está dispuesto a comprometerse; entonces se empiezan a retirar empezando por los más ancianos. Jesús le hace saber a la mujer que el perdón que le ofrece es garantía para iniciar una vida nueva y renovada: “Anda y en adelante no vuelvas a pecar”.

Sentirnos amados

Una vez que Jesús desenmascara las malas intenciones de los fariseos, el Maestro perdona a la mujer antes de que se lo pida, sin exigir ninguna condición. Aquella mujer pecadora ha descubierto el amor incondicional de Jesús y eso es lo que la lleva a un cambio de vida. Lo central de la escena es el perdón que ofrece Jesús a esta pecadora. Cambiar de vida es consecuencia de sentirnos amados y perdonados por Dios.

La relación de amistad y seguimiento a Jesús nos impulsa a mirar las distintas posibilidades que tenemos de reconocer lo que somos y podemos llegar a ser: hombres y mujeres libres para amar y ser amados. En mi relación con Dios, tampoco tiene cabida el miedo porque el miedo nos paraliza para seguir a Jesús con valentía.

  Reflexión personal                         

La mujer pecadora se siente renovada, reconciliada, para seguir con alegría su vida. ¿Ante mis errores, mis pecados y fragilidades soy capaz de dejarme perdonar por la fuerza transformadora de la misericordia de Jesús? ¿En qué situaciones he experimentado el perdón de Jesús?

La mujer pecadora se siente llamada a no volver a caer en el pecado, a compartir la alegría de sentirse liberada por el amor de Jesús. ¿He experimentado el amor de Dios en mi vida, me he sentido llamado (a) a desplegar todas mis posibilidades en bien de los demás? ¿Cómo lo manifiesto?

 Todo seguidor de Jesús ha experimentado el miedo a seguirlo y ponerse al servicio de los demás, sin embargo Jesús conoce el barro del que estamos hechos y desde ahí nos invita a seguirle. ¿Me he puesto a pensar cuáles son mis miedos que experimento al querer seguir de cerca a Jesús? ¿Qué medios pongo para vencer la incertidumbre que me paraliza en la entrega a Jesús y a los demás?