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“Ay de mí, ¡Madre mía! ¿Por qué me diste a luz?”. Esta es la expresión más grande de desánimo. En ella se manifiesta el sentimiento de un dolor profundo, de una confusión abrumadora y de una tremenda depresión. Es solo el inicio de Jeremías 15, 10-21.

Este texto nos recuerda las primeras palabras de Dios en su diálogo con Jeremías: Antes de formarte en el seno de tu madre, ya te conocía; antes de que tú nacieras, yo te consagré, y te destiné a ser profeta de las naciones (Jr 1, 5). Este primer diálogo es fundamental en la vida del profeta.

El plan de Dios para cada hombre está completamente ligado a la concepción en el seno maternal. Lo importante es descubrir por qué Dios nos ha dado la vida. Jeremías se siente seguro y confiado en el plan de Dios por eso acepta ser su profeta.

¡Pero todos me maldicen!

Existe en la vida de todo profeta un periodo de asimilación de la tarea que Dios le encomienda. Dios se hace tan cercano que, en un primer momento, no hay en el que ha sido llamado ningún temor de hacer cuanto Dios le pide.

Dice Jeremías: tus palabras yo la devoraba… eran para mí, gozo y alegría (Jr 15, 16). Lamentablemente ese sentimiento de confianza no es estable. El profeta hace la experiencia de la ausencia de Dios, y su vida se siente reseca, sin agua, después de haber tenido a Dios como su manantial.

El mensaje de este pasaje es claro: cuando el profeta interpela la conciencia de los demás y gana para sí persecuciones, cuando él es capaz de valorar su trabajo y descubre la fidelidad de sus acciones ante el plan de Dios, luchando a contracorriente contra sus propios conciudadanos sin entrar en la complicidad, en ese momento, lo que pudiera parecer una crisis, es la confirmación de una vocación en camino… Dios sale al encuentro nuevamente para continuar su plan…

 El retorno a servir

La explicación de la crisis de Jeremías, según los versículos conclusivos, 19-21, radica en el protagonismo. El problema del profeta, del apóstol, de todo consagrado a Dios, es pretender servir a los demás considerándose indispensable en el Plan de Dios. Dios escoge a sus ministros como instrumentos de su plan, pero el plan no pertenece a los escogidos, su rol es dejarse envolver en el proceso de su realización sin pretender ser el protagonista: Si vuelves a mí, yo te haré volver a mi servicio. Separa el oro de la escoria si quieres ser mi propia boca - dice Dios a Jeremías -. El secreto del retorno a Dios consiste en: acallar las quejas y los temores que afloran de nuestra débil naturaleza y confiar nuevamente en Dios que siempre nos protege.

 Reflexión personal

¿Cuáles son los sentimientos que te dominan en una crisis de abandono de Dios? La búsqueda de Dios desemboca en un encuentro consigo mismo. ¿Qué desearías abandonar de ti para ponerte nuevamente al servicio de Dios?