El pasado 18 de diciembre del 2016, se daba a conocer una triste noticia: el P. Luigi Menegazzo, Superior General de los Xaverianos, fallecía a las 4:30 a.m. por crisis cardiaca en el hospital Espíritu Santo de Roma. Tenía 64 años cumplidos.
El P. Luigi nació el 16 de julio en la localidad italiana de Citadella, Padua. Fue ordenado en Parma el 25 de septiembre de 1977. Después de obtener la licenciatura en Misionología en la universidad Gregoriana, es enviado a Japón, donde primero fue vicario y después párroco de la parroquia de Nichian. En 1989 es llamado a Italia, para ser profesor del centro de estudios teológicos-filosóficos de Parma. En 1994 vuelve a Japón hasta el 2001. Durante este periodo será párroco en Tamana, Viceregional, y después Regional de 1998 al 2001. En el 2001 fue electo vicario General, Prefecto del personal y Procurador general ante la Santa Sede. El 4 de julio fue elegido Superior General de los Misioneros Xaverianos.
El año pasado el P. Luigi, después de visitar nuestro país, nos envió una carta en la que nos recordaba:
La fidelidad a los votos es condición indispensable para ser Misionero Xaveriano y servir bien a la misión. Nuestro Fundador asumió los desafíos y los afrontó con energía, siempre dispuesto a recomenzar. Igualmente nosotros, a ejemplo de nuestro Protector S. Francisco Xavier -misionero valeroso y optimista- veamos hacia adelante: vivamos radicalmente el carisma xaveriano, que a todos dona optimismo y alegría. ¡Un Xaveriano contento testimonia con su vida que su vocación es bella, que está feliz de la opción que ha hecho, que ha encontrado la perla preciosa!
Meses después, pocos días antes de regresar a la casa del Padre, envió otra carta (Roma, 1° de diciembre 2016), dirigida no solo a los Xaverianos, sino también a los nuestros familiares y amigos, en la que junto con compartir con nosotros los acontecimientos más significativos que nuestra Congregación ha vivido en el mundo durante el Año de la Misericordia, escribía lo siguiente:
En varios Países del mundo, en nuestras Misiones hemos podido constatar con gran admiración muchísimas otras actividades de nuestros misioneros, dirigidas especialmente a los más abandonados, los débiles, los enfermos y a aquellos que han perdido la esperanza. Me permito decirles una palabra sobre este último punto: una de las grandes obras de misericordia que nuestros cohermanos hacen desde siempre, es la de dar esperanza a tantas personas que han perdido las ganas de vivir y de trabajar. La falta de esperanza es un mal que aflige a muchísimas personas, sea en los países ricos como en los más pobres. Nuestra presencia sencilla como misioneros, es a menudo un lugar de refugio privilegiado y buscado para encontrar un poco de energía y comenzar de nuevo a vivir.
Estas palabras son para nosotros un aliento y a la vez un reto para seguir viviendo con valentía y optimismo nuestra vocación.
Gracias P. Luigi por tu presencia, y tu entrega a la misión. Que el Señor te reciba en su Reino, te siente a su mesa como al servidor fiel que ha cumplido con su deber. ¡Descansa en paz!



