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P. Juan Juárez

Iglesia misionera, testigo de la misericordia

Nuevamente llega octubre, y como bien sabemos, es tradicionalmente un mes dedicado a las misiones, porque el penúltimo domingo se celebra el DOMUND, un día en que se recuerda que la misión que le dejó Jesús a su Iglesia antes de subir al cielo fue la de llevar la Buena Nueva a todos los pueblos de la tierra. Y, por tanto, todo discípulo está llamado a compartir su fe en Jesús, con aquellos que se han alejado de Él y sobre todo con los que todavía no lo conocen. En una palabra, podríamos decir que todo cristiano por estar bautizado es misionero.

Pero un peligro constante para todo cristiano es encerrarse en sus propios problemas y en los de los que viven a su alrededor, y no darse cuenta que el mundo es mucho más grande que las calles que recorremos a diario, es por eso que el Papa nos dice en su mensaje con motivo de esta jornada que no permitamos que nuestras preocupaciones particulares encojan nuestro corazón, sino que lo ensanchemos para que abarque a toda la humanidad.

Sobre todo, en este año dedicado a la misericordia, el Papa nos invita a ver la misión ad gentes como una grande e inmensa obra de misericordia tanto espiritual como material, invitados a “salir” como discípulos misioneros, ofreciendo cada uno sus propios talentos, su creatividad, su sabiduría y experiencia en llevar el mensaje de la ternura y de la compasión de Dios a toda la familia humana, y que Él ama a todos los pueblos y es cariñoso con todas las criaturas (cfr. Sal 144.8-9).

 Este mensaje de ternura y compasión de Dios que llevan los misioneros a los diferentes pueblos, no solamente lo hacen con la palabra, sino a través de hechos concretos. En algunos lugares, la evangelización comienza con la actividad educativa, con la paciencia de esperar el fruto después de años de lenta formación; se forman así personas capaces de evangelizar y de llevar el Evangelio a los lugares más insospechados. Otra forma de mostrar esta ternura y misericordia de Dios, sobre todo en los países donde se sufre el problema de la guerra o de la violencia, es convirtiéndose como diría san Pablo, en embajadores de la reconciliación, ya que los misioneros bien saben por experiencia que el Evangelio puede traer alegría y reconciliación, justicia y paz, aun en aquellos lugares donde pareciera que el muro del odio es imposible derribar para construir una nueva sociedad.

Ojalá que celebrar esta jornada dedicada a las misiones no se quede solamente en dar algo de lo que tenemos o admirar el ejemplo de los misioneros que dejan su patria para compartir su experiencia de Dios con otras personas, sino que nos motive a unirnos a todos aquellos hombres y mujeres de toda edad y condición que son testigos de este amor de misericordia, recordando como dice el Santo Padre en su mensaje que a los discípulos de Jesús, cuando van por los caminos del mundo, se les pide ese amor que no mide, sino que tiende más bien a tratar a todos con la misma medida del Señor; anunciamos el don más hermoso y más grande que Él nos ha dado: su vida y su amor.