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SIRA

Dar posada al necesitado, al inmigrante y al refugiado

En tiempos pasados dar posada a los peregrinos era cuestión de vida o de muerte. ¿Y hoy?

Antiguamente, todo camino tenía insidias y riesgos. Ahora, las calles de nuestras ciudades están pobladas de viajeros sin rumbo: las personas sin hogar: ancianos, adolescentes, y niños. Así, dar posada al necesitado se ha vuelto un imperativo, no dejen de practicar la hospitalidad (Heb 13, 2).

Muchos periódicos informan: Cientos de emigrantes muertos en el mar; las barcas, que tenían que ser su camino de esperanza, han sido su camino de muerte. El Papa Francisco en Lampedusa dijo: He sentido el deber de venir hoy aquí a rezar, a cumplir un gesto de cercanía, pero también para despertar nuestras conciencias para que lo que ha acontecido no se repita...

El Papa Francisco continúa proponiendo unas palabras para provocar la conciencia de todos, empujen a reflexionar y a cambiar concretamente ciertas actitudes. ¿Adán dónde estás? Es la primera pregunta que Dios hace al hombre después del pecado. Adán es un hombre desorientado, que ha perdido su lugar en la creación porque quiere ser poderoso, dominar todo, ser como Dios. Se rompe la armonía… Y Dios vuelve a preguntar: Caín, ¿dónde está tu hermano? El sueño de ser poderoso nos lleva a derramar la sangre del hermano. Muchos de nosotros no estamos muy atentos al mundo en que vivimos, no lo cuidamos, no somos capaces de custodiarnos los unos a los otros, y esto nos conduce a las tragedias que suceden en los mares y en muchos países.

La misericordia en política es de enorme actualidad, basta pensar lo que significa para los políticos el desafío de los prófugos. La crisis de las migraciones es uno de los más grandes desafíos para el futuro y para la coherencia de la Unión Europea, no solo a nivel político y monetario, sino principalmente a nivel de valores. El recuerdo es bienvenido en este momento porque no debemos olvidar que Europa ha sido campo de sangre y lágrimas durante siglos de guerras entre cristianos, y ahora, frente al desafío de los migrantes y prófugos, el desafío es que la prudencia, la caridad y la misericordia cristiana puedan vencer los miedos.

Es necesario, en lugar de cerrar las fronteras como está sucediendo en varias naciones, recordar que el primer deber de la comunidad internacional es el proceso de paz ofreciendo ayuda a los que escapan de sus países buscando hospedaje y refugio. Hagamos memoria de nuestros hermanos mexicanos y centroamericanos que dejan su hogar, su patria, arriesgando su vida, cruzan el Río Bravo y el desierto… buscando el pan de cada día. ¿Qué pensamos de ellos?... ¡Que se queden en su casa! ¿Qué hacemos concretamente por estos hermanos?... ¡Nos lavamos las manos y la conciencia con una pobre limosna! Y nos olvidamos de la pregunta que nos hace el Señor: ¿Qué hiciste de tu hermano?