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P. Jesús Romero

Ninguna necesidad humana nos es indiferente

La obra de misericordia del mes en curso es, dar posada al peregrino, esta nos invita a abrir los ojos y el corazón ante quien no cuenta con un techo para cobijarse; es hablar y actuar delante de la necesidad de hospitalidad; un reto que hoy toma dimensiones universales, ellos son llamados: migrantes, inmigrantes, desplazados, extranjeros, forasteros, abandonados, huérfanos, viudas, ancianos, gente de la calle… sin casa, ni hogar, ni familia, sin tierra y sin patria.

Dar

Es un verbo que sugiere otras expresiones que comprometen a mejorar nuestra relación con los descartados. ¿Quiénes tocan a nuestra puerta despiertan nuestra solidaridad o nos dejan indiferentes?, hace alusión a la solidaridad. Ser un hombre, es ser solidario. Los niños desde muy pequeños aprenden a convivir y compartir lo que poseen con otros niños, es una necesidad para crecer y madurar. El hombre replegado sobre sí mismo ni vive ni crece. Se queda siempre niño.

Dar es mejor que recibir (cfr. Hch 20, 35).

Todo hombre que no hace el bien tiene las manos vacías.

Un regalo nunca es una cosa pequeña.

Posada, casa, albergue…

No es lo mismo rentar que tener casa propia, ni tampoco ser recibido como huésped que estar como anfitrión, no solo en nuestro pueblo sino en prácticamente todas las culturas cuando se recibe al huésped, invitado, amigo o alguien que casualmente llega, se le dice por costumbre, por cultura, por convicción: Pase usted, esta es su casa. Recibir y ser recibido no es algo insignificante, sino un gesto de una humanidad exquisita; personalmente cuando soy recibido en casa de alguien que me mira con ojos de misericordia, me salta el corazón a cien por hora, porque no es solo el hecho de estar bajo el mismo techo, sino un signo de profunda intimidad, compartir la vida y en muchas ocasiones lo que encierran nuestros corazones.

Una casa demasiado cerrada huele mal.

Cuando recibimos a otros, es cuando nos apreciamos más a nosotros mismos.

Normalmente uno no se instala en un lugar agradable sino donde las personas son agradables.

 Peregrinar, peregrino, sin casa

Todo peregrino, migrante… tiene todos los derechos de quien es del lugar, en todas las culturas esta ha sido la praxis más común, también los códigos más antiguos confirman esta manera de proceder, de respeto, disponibilidad a dar abrigo a quien lo necesita, ver y tratar a quien llega con ojos de misericordia. Y la exclusión de actitudes de opresión, explotación y vejación del forastero.

No me llames extranjero, ni pienses de dónde vengo,

mejor saber dónde vamos, a dónde nos lleva el tiempo.

No me llames extranjero, porque tu pan y tu fuego

calman mi hambre y mi frío, y me cobija tu techo.

Cualquier necesidad del otro considérala como una llamada para ti, una vocación a la que hay que responder.