Ahorita..., después de escucharlos, pero especialmente después de verlos, constato nuevamente otra certeza. Uno de los mayores tesoros de esta tierra mexicana tiene rostro joven, son sus jóvenes. Sí, son ustedes la riqueza de esta tierra.
Ustedes son la riqueza, hay que transformarla en esperanza. Pero todos los que hablaron, afirmaban una verdad muy grande: que todos podemos vivir, pero no podemos vivir sin esperanza. Sentir el mañana, no podemos sentir el mañana si uno primero no logra valorarse, no logra sentir que su vida, sus manos, su historia, vale la pena. La esperanza nace cuando se puede experimentar que no todo está perdido, yo valgo mucho. La principal amenaza a la esperanza son los discursos que te desvalorizan, y terminas como caído. La principal amenaza a la esperanza es cuando sientes que no le importas a nadie o que estás dejado de lado. La principal amenaza es cuando uno siente que tiene que tener dinero para comprar todo, incluso el cariño de los demás.
Ustedes son la riqueza de México, no les estoy sobando el lomo. Y entiendo que muchas veces se vuelve difícil sentir la riqueza cuando nos vemos continuamente expuestos a la pérdida de amigos o de familiares en manos del narcotráfico, de las drogas, de organizaciones criminales que siembran el terror. Es difícil sentir la riqueza de una nación cuando no se tienen oportunidades de trabajo digno, posibilidades de estudio y capacitación, cuando no se sienten reconocidos los derechos que después terminan impulsándolos a situaciones límites. Y para que esta riqueza, movida por la esperanza, vaya adelante, hay que caminar juntos, hay que encontrarse, hay que soñar. ¡No pierdan el encanto de soñar! ¡Atrévanse a soñar!
Les digo esto y estoy convencido; y, ¿saben por qué? Porque, como ustedes, creo en Jesucristo. Es Él quien despierta en cada uno de nosotros, el encanto de disfrutar, el encanto de soñar, el encanto de trabajar juntos.
Y es de su mano que podamos hacer camino, es de su mano que una y otra vez podamos volver a empezar, es de su mano que podamos decir: Es mentira que la única forma de vivir, de poder ser joven, es dejando la vida en manos del narcotráfico o de todos aquellos que lo único que están haciendo es sembrar destrucción y muerte. Es también de la mano de Jesús, de Jesucristo, el Señor, que podemos decir que es mentira que la única forma que tienen de vivir los jóvenes aquí es la pobreza, la marginación.
Me han pedido una palabra de esperanza, la que tengo para decirles, la que está en la base de todo, se llama Jesucristo. Cuando parezca que se nos viene el mundo encima, abracen su cruz, abrácenlo a Él y, por favor, nunca se suelten de su mano, aunque los esté llevando adelante arrastrando; y, si se caen una vez, déjense levantar por Él. Y si ven un amigo o una amiga que se pegó un resbalón en la vida y se cayó, anda y ofrécele la mano, pero ofrecésela con dignidad.
No se dejen tratar como mercancía. Jesús nos dio un consejo para esto, para no dejarnos excluir, para no dejarnos desvalorizar, para no dejarnos tratar como una mercancía: Sean astutos como serpientes y humildes como palomas. Tres palabras que las vamos a repetir: riqueza, porque se la dieron; esperanza, porque queremos abrirnos a la esperanza; y dignidad. Jesús, el que nos da la esperanza, nunca nos invitaría a ser sicarios, sino que nos llama discípulos, nos llama amigos.
La familia es como quien custodia esa riqueza, en la familia van a encontrar esperanza, porque está Jesús, y en la familia van a tener dignidad. Nunca, nunca dejen de lado la familia; la familia es la piedra de base de la construcción de una gran nación.
Queridos hermanos, ustedes son la riqueza de este país y, cuando duden de eso, miren a Jesucristo, que es la esperanza, el que desmiente todos los intentos de hacerlos inútiles, o meros mercenarios de ambiciones ajenas (Papa Francisco, extracto del Discurso a los Jóvenes, Morelia, 2016).



