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P. Luigi Menegazzo

Carta del Superior General

«NOS DISPONEMOS A ABRIR EL CORAZÓN A TODOS CON UN SENTIMIENTO

DE VIVA FRATERNIDAD Y DE PATERNIDAD ESPIRITUAL» (C 21)

 

A todos los Cohermanos Xaverianos

y a los Laicos Xaverianos

Introducción

1. La apertura del Año Santo de la Misericordia el próximo 8 de diciembre 2015 precede la clausura del Año de la Vida Consagrada, el 2 de febrero 2016. El calendario ve, por consiguiente, que estos dos acontecimientos eclesiales van adelante juntos por dos meses. Interpreto esta coincidencia como una simple, pero eficaz explicación del sentido de la Vida Consagrada: ser Consagrados significa ser puerta que abre a la misericordia de Dios. Para nuestra Familia Xaveriana, que tiene como carisma el Primer Anuncio de Jesús a los que no lo conocen, la estrecha conexión entre consagración y misericordia es aún más evidente: somos misericordiosos cuando anunciamos, con palabras y obras, que Jesús es Amor, es Camino, Verdad y Vida.

Con esta carta me dirijo a los Cohermanos Xaverianos y a los Laicos Xaverianos, que comparten con nosotros la espiritualidad xaveriana, proponiéndoles algunas simples indicaciones para vivir intensamente este Jubileo.

Las indicaciones del Papa Francisco

2. He aquí las actitudes para vivir intensamente el Año Santo de la Misericordia. Las encontramos en el número dos de la Carta que el Papa Francisco ha enviado a todos nosotros con el título de Misericordiae Vultus.

a) La alegría del encontrarse con Dios, que siempre viene a nuestro encuentro.

b) Mirar con ojos sinceros a los hermanos y hermanas que encontramos en nuestra vida.

c) Abrir el corazón a la esperanza.

 

3. En esta misma Carta, el Papa Francisco nos da también algunas sugerencias concretas para ponerlas en práctica durante el Jubileo:

a) Escuchar con atención la Palabra de Dios (13).

b) Vivir la vida como una peregrinación (14).

c) Abrir el corazón a los hermanos y hermanas que viven situaciones graves y pesadas (15).

d) Reflexionar sobre las obras de misericordia corporales y espirituales (15).

e) Ser portadores de consuelo en medio de las distintas pobrezas (16).

f) Vivir intensamente la Cuaresma (17).

g) Los confesores han de ser ministros de la misericordia divina (17).

h) Acoger a los Misioneros de la Misericordia que serán enviados y organizar las misiones para el pueblo (18).

i) Reflexionar sobre la estrecha relación que existe entre justicia y misericordia (20).

j) Dejarse reconciliar con Dios también a través de la gracia de la indulgencia (22).

k) Profundizar, en los varios modos posibles, el diálogo con el Hebraísmo y el islam (23).

 

4. La Carta se concluye confiando el Año Santo a la dulzura de la mirada de María, Madre de la Misericordia (24).

5. Alegremente y resueltamente nos unimos al camino indicado por el Papa a la Iglesia: queremos ser piedras vivas en la construcción del Reino de Dios, Reino de misericordia y amor.

La misericordia en la enseñanza de san Guido María Conforti

6. La misericordia de Dios hacia nosotros, y la nuestra hacia el prójimo, es un tema que se desarrolla de manera constante, aun si no de forma vistosa, en el pensamiento y en la enseñanza de Mons. Conforti. Se puede decir que es un pensamiento que lo acompaña y que lo sostiene continuamente en su ministerio sacerdotal, episcopal y de Fundador. Su enseñanza sobre la misericordia se puede resumir en tres puntos:

a) La misericordia es un don del Espíritu Santo. El Espíritu del Señor abre el corazón y nos hace generosos para con el prójimo. El Espíritu ennoblece el ánimo con el delicado amor de Dios, lo abre, lo hace sensible, atento y compasivo, es decir, capaz de hacer suyas las alegrías y las preocupaciones del prójimo, como el Padre hace suyas las nuestras.

El Xaveriano tiene que caminar por la vía del Espíritu, seguir la voz del Espíritu, conformarse a los deseos del Espíritu si quiere ser misericordioso como el Padre celeste.

b) La fe une a Dios y abre al sentimiento del amor. El amor al prójimo es el fruto más hermoso de la fe. A través de la fe se logran “vínculos de intimidad con Dios que vive en mí por Jesucristo” (S. Guido M. Conforti). El Fundador invita a pasar de la fe profesada a la fe vivida, de la actitud de fe a las obras de la fe. La fe hace santas y agradables a Dios mis acciones, porque estas repiten las acciones mismas de Cristo: y entre estas acciones de Cristo, la misericordia es la primera.

c) Cristo Crucificado, modelo de la misericordia. Del Crucifijo aprendemos la fe activa, la apertura del ánimo al otro, la medida del don de sí mismos a los demás. Conforti define el Crucifijo como el gran libro en el cual hay que formarse, porque es el don total de Cristo por nosotros, que nos abre vastas y siempre nuevas posibilidades de amor. Del Crucifijo aprendemos que la misericordia consiste sólo y sencillamente en el don total de sí. Cada vocación es don del Espíritu Santo, por lo tanto, tiene en sí la capacidad de donarse totalmente al otro y ser signo de misericordia.

7. En síntesis, S. Guido M. Conforti identifica la misericordia con Cristo mismo: Cristo Crucificado, Cristo Misionero, Cristo Modelo único y suficiente para nuestra vida. Es misericordioso quien es cristocéntrico, quien alegremente y con corazón indiviso sigue a Cristo en la Vocación que el Espíritu le ha dado. La misericordia no es una más entre las virtudes de la vida cristiana. La misericordia es la misma vida cristiana. El misionero anuncia a Jesucristo amándolo, haciéndolo amar y amando al próximo.

El Jubileo de la misericordia en la vida de nuestra familia misionera

8. Vivamos el Jubileo como una ocasión providencial. Hagamos que nos reconduzca al camino sereno y fiel hacia el Señor, el misericordioso, Aquel que ha dado la vida por nosotros y pide que nos amemos unos a otros como Él nos ha amado.

Ante todo, entremos en este Jubileo con gratitud en el corazón: en nuestra Familia hemos tenido, y todavía tenemos, muchos ejemplos en el pasado y en el presente de Cohermanos, amigos y bienhechores de los cuales podemos aprender concretamente lo que es la misericordia. Estos ejemplos nos han acompañado en los días de nuestra formación, de nuestra misión, de nuestro servicio. Ejemplos silenciosos, humildes, constantes, que interpelan nuestra vida cotidiana y, sobre todo, le infunden alegría y esperanza. No los olvidemos, no los subvaloremos y no los hagamos una rutina más. ¡Mirémoslos, imitémoslos, encontrémoslos!

 La gratitud, la alegría, el encuentro, el entusiasmo, el optimismo, deben caracterizar este Jubileo de la misericordia al interno de nuestra Familia misionera. La misericordia se construye y se vive con ánimo positivo: ¡los ojos negativos y el corazón descontento generan conflictos y división!

Sugiero algunas pistas de acción:

9. Vivir en la fidelidad y en la honestidad.

Ayudarse recíprocamente a ser fieles al Señor y a buscar siempre Su Voluntad, es el primer y más importante acto de misericordia. La vida cotidiana es la ocasión única que nos es dada para vivir nuestra Vocación. La misericordia, que es el amor recíproco, nos mueve a no tener miedo de la corrección fraterna, del intercambio recíproco de sugerencias para vivir intensamente el Evangelio, de la debida amonestación cuando ésta es necesaria para mejorar la calidad de nuestra vida humana y espiritual, de la corrección hecha al momento oportuno para darnos más energía en el camino de la vida. Solamente en la fidelidad a Dios encontramos paz interior, constancia en el bien, perseverancia en la vocación. El Jubileo nos entrena en la libertad del corazón, es decir a comprender que es acto profundamente inteligente el saber aceptar cada invitación y cada estímulo para vivir honestamente y fielmente ante el Señor, justo como Él es fiel y honesto con nosotros.

Tengamos presente una verdad importante: vivir honestamente ante Dios, significa presentar a los hermanos y a las hermanas el verdadero rostro de Dios. Honestidad es amor auténtico sin dobles fines, es capacidad de elección de las realidades que valen, es alegría de un corazón no apesadumbrado por cosas inútiles. El que encuentra una persona honesta, encuentra el rostro misericordioso de Dios, límpido, y en el que no hay engaño. La vida honesta es una obra maestra que nace de un auténtico amor a Dios que se transforma en amor al prójimo.

Ésta es la misericordia. Que el Jubileo de la Misericordia nos revele de nuevo la belleza de ser personas con un rostro sereno, un corazón límpido y con un único objetivo. Comprometámonos a ser hombres y mujeres, Consagrados y Laicos Xaverianos, de los que se pueda decir lo que Jesús dijo de Natanael: Este es un verdadero israelita en el que no hay doblez (Jn 1,47).

10. Apertura de corazón y mente.

La misericordia nos hace atentos, activos, deseosos del encuentro con Dios y con los demás. El corazón misericordioso es sensible, dispuesto a la acogida, curioso, capaz de encuentro y de compartición, no desconfiado, sin preconceptos, lúcido. La característica del corazón misericordioso es la capacidad de diálogo. Durante el Jubileo de la Misericordia desarrollemos en nosotros la capacidad de diálogo: con Dios, con los hermanos y hermanas de nuestra comunidad, dentro de nuestras

familias, con los que son de otra fe y de culturas diferentes de la nuestra, con los pobres y con aquellos que piden insistentemente ayuda y comprensión. La misericordia que Jesús nos enseña, abre nuestro corazón a los problemas del mundo cercanos a nosotros: son muchos, demasiados, enormes, preocupantes.

El corazón misericordioso no teme los desafíos, los imprevistos, no tiene miedo de poner en discusión actitudes y criterios que necesitan revisión. La misericordia no teme tampoco el riesgo: éste es parte integrante del corazón que ama. Nosotros los misioneros tenemos que interrogarnos siempre sobre nuestro modo de hacer misión y sobre la intensidad y honestidad en nuestra vida consagrada, y tenemos que preguntarnos: ¿soy misericordioso al punto de no tener miedo del don total de mí mismo en tantas situaciones, incluso imprevistas, que me lo piden? ¿Con tal de amar al hermano/hermana, renuncio también a lo que hasta ahora he considerado un bien indispensable para mí, si eso me fuese solicitado?

Tenemos que ayudarnos en la formación de una conciencia transparente, abierta, auténtica en la búsqueda y en el discernimiento de los valores, no cerrada en pequeñas seguridades que paralizan el ánimo. La apertura de corazón pone en nosotros la sensibilidad de Dios Padre, sin la cual todo intento de mejorar el mundo dentro de nosotros, en nuestra Congregación, en nuestras familias, resulta fatiga inútil.

Misioneros Xaverianos y Laicos Xaverianos, somos una gran Familia unida por el deseo de realizar el carisma misionero que el Espíritu Santo nos ha transmitido por S. Guido M. Conforti. Expresémonos recíproca misericordia ayudándonos a ampliar el corazón. Sugirámonos unos a otros los caminos y las actitudes útiles para abrir y ampliar el ánimo y la mente a la misericordia. Cada Circunscripción, cada Familia de Laicado Xaveriano, en las típicas modalidades que les caracterizan, abran caminos de diálogo con las realidades y las situaciones que les circundan, experimenten su belleza, empéñense a transmitir el espíritu del diálogo, tengan también la bondad de hacer conocer sus experiencias y los resultados que les han alegrado. Que la misericordia circule abundantemente dentro de nuestras Familias.

11. Nuestras comunidades, lugares de misericordia.

El Papa Francisco indica iniciativas prácticas que ayudarán a la vida comunitaria a explotar al máximo la gracia del Año Jubilar. Cada comunidad formule su Proyecto de Vida según estas invitaciones del Papa.

La comunidad, en realidad, es el lugar privilegiado de la misericordia, porque la comunidad tiene como fundamento de su existencia una doble relación: con Dios y entre de nosotros.

La experiencia nos confirma que la comunidad es un exigente lugar de prueba de la profundidad y amplitud de nuestra fe. La comunidad pone en evidencia nuestro auténtico deseo de Cristo y, al mismo tiempo, también lo que en nosotros hace efectivo el camino hacia Él. La comunidad, de cualquier naturaleza que sea, es un espejo de nuestras capacidades y de nuestras debilidades. Por todos estos motivos, la comunidad es lugar donde debe reinar la misericordia. La comprensión recíproca, la paciencia, el apoyo en el camino y en las varias iniciativas puestas en acto, la constancia en continuar hacia las metas que nos hemos propuesto, la perseverancia en la oración y en la meditación de la Palabra de Dios: son todos tiempos de misericordia.

Que nuestras comunidades sean lugares de misericordia en su interior y también para los que se acercan a ellas. Seamos siempre acogedores, alegremente acogedores, cristianamente acogedores. Están impresos, en nuestros ojos y en nuestros recuerdos, rostros de Cohermanos o amigos o parientes, que han acogido siempre con corazón noble a quien se dirigió a ellos para un consejo, un coloquio, para una ayuda, para sentirse sencillamente acogido. El tiempo y la energía espiritual e intelectual donados para acoger es uno de los grandes frutos de un corazón misericordioso.

Aprendan nuestras comunidades la espontaneidad en la acogida: en su interior, evitando críticas, divisiones, grupos contrapuestos, individualismos excesivos; hacia el exterior, ofreciendo escucha, diálogo, consejos y momentos de encuentro cualificado para afrontar con mayor conciencia los problemas de la vida cotidiana y para encontrar vías nuevas para anunciar a Jesucristo y su Evangelio.

En fin, tenemos que ser conscientes de que, si nuestras comunidades no son lugares de misericordia, no lo seremos tampoco como individuos. La comunidad que hace todo esfuerzo para vivir en la misericordia, se transforma en comunidad misionera, porque la experiencia de ser acogidos y amados no puede quedar nunca como un hecho intimista, sino que se proyecta hacia los demás con la misma intensidad.

Conclusión

12. Que el Jubileo de la Misericordia sea para nuestra Familia Xaveriana, Consagrados y Laicos, un alegre y exigente acontecimiento. Alegre, porque la experiencia de la misericordia de Dios y la misericordia recíproca no puede sino aumentar la alegría de ser discípulos del Señor, misioneros de Jesucristo, enriquecidos por el don del carisma xaveriano. Individuos y comunidad, volvámonos contagiosos misioneros de la alegría del Evangelio, teniendo ante nuestros ojos aquellos muchos ejemplos de Xaverianos y Laicos que nunca han apagado la sonrisa desu rostro, aun cuando las lágrimas lo inundaban. Esas lágrimas no pudieron cancelar su profunda e indeleble alegría de ser misioneros, portadores de la bondad del Señor. Nuestros Mártires Xaverianos, las tres Hermanas Xaverianas asesinadas en Burundi, las Hermanas Josefinas chinas que han sufrido: que estos ejemplos no se alejen nunca de nuestra memoria. Nos enseñan el rostro sereno y acogedor de la misericordia: amados por Dios para amar incondicionalmente.

Cohermanos Xaverianos y Laicos Xaverianos, el Jubileo de la Misericordia es un don para nuestra Familia. ¡Demos gracias al Señor! Vivámoslo sin reservas, porque Dios ama al que da con alegría (2Cor 9,7).

La protección de la Virgen María y la intercesión de S. Guido M. Conforti nos acompañen.

 

P. Luigi Menegazzo SX

Superior General